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13 octubre 2016

CARTAS MARRUECAS (6) JOSÉ CADALSO

Año MDCCXCVI
(imagen de Wikipedia)
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Tres clases sociales: siervo con su instrumento de trabajo, junto a un eclesiástico y un noble.
(En la miniatura de una letra capitular de un manuscrito medieval)
-imagen de Wikipedia-

Carta XXXI
Ben-Beley a Gazel
"De las cartas que recibo de tu parte desde que estás en España, y las que me escribiste en otros viajes, infiero una gran contradicción en los españoles, común a todos los europeos. Cada día alaban la libertad que les nace del trato civil y sociable, la ponderan y se envanecen de ella; pero al mismo tiempo se labran a sí mismos la más penosa esclavitud"

Carta XXXII
De Ben-Beley a Gazel
..."los libros que he referido he hecho la siguiente separación: he escogido cuatro de matemáticas[...] otros tantos de filosofía escolástica, en que me asombra la variedad de ocurrencias extraordinarias que tiene el hombre cuando no procede sobre principios ciertos y evidentes[...]uno de medicina[...]otro de anatomía[...]dos de los que reforman las costumbres,[...] cuatro del conocimiento de la naturaleza, ciencia que llaman filosofía[...]algunos de poesía[...]Todas las demás obras de las ciencias humanas las he arrojado o distribuido"...

Carta XXXIII
Gazel a Ben-Beley
[...]cartas de mi amigo Nuño, que se mantiene en Madrid. Te enviaré copia de algunas y empiezo por la siguiente, en que habla de ti sin conocerte.
«Amado Gazel:[...] los ricos [...]los nobles [...] los sabios [...]los eruditos[...]Envidia, rencor y vanidad ocupan demasiado tales pechos para que en ellos quepan la verdadera alegría, la conversación festiva, la chanza inocente, la mutua benevolencia, el agasajo sincero y la amistad, en fin, madre de todos los bienes sociables. Ésta sólo se halla entre los hombres que se miran sin competencia.
[...]También escribo yo a este anciano como me lo encargas. Espero con la mayor ansia su respuesta[...]

Carta XXXIV
Gazel a Ben-Beley
[proyectistas] pretenden enriquecer los países en que se hallan, o ya como naturales, o ya como advenedizos.
[...]Nuño se levantó por no dar más pábulo al frenesí del pobre delirante, y sólo le dijo al despedirse: ¿Sabéis lo que falta en cada parte de vuestra España cuatripartita? Una casa de locos para los proyectistas de Norte, Sur, Poniente y Levante.

Carta XXXV
De Gazel a Ben-Beley
En España, como en todas partes, el lenguaje se muda al mismo paso que las costumbres [...] es preciso que se inventen palabras para explicar la impresión que hacen las costumbres nuevamente introducidas.
[...] ¡qué chasco llevaría uno de mis tatarabuelos si hallase, como me sucedió pocos días ha, un papel de mi hermana a una amiga suya, que vive en Burgos!

Carta XXXVI
De Gazel a Ben-Beley
.[...] el vicio de estilo más universal en nuestros días es el frecuente uso de una especie de antítesis,

Carta XXXVII
De Gazel a Ben-Beley
Reflexionando sobre la naturaleza del diccionario que quiere publicar mi amigo Nuño, veo que, efectivamente, se han vuelto muy oscuros y confusos los idiomas europeos. El español ya no es inteligible
[...]Ben-Beley, ¿qué te parece de una lengua en que se han quitado las voces bueno y malo? ¿Qué te parecerá de unas costumbres que han hecho tal reforma en la lengua?


El pordiosero -publicado en la revista La Ilustración de Madrid.


Carta XXXVIII
De Gazel a Ben-Beley
Uno de los defectos de la nación española, según el sentir de los demás europeos, es el orgullo
[...]Pero lo que te ha de pasmar es el grado en que se halla este vicio en los pobres mendigos. Piden limosna; si se les niega con alguna aspereza, insultan al mismo a quien poco ha suplicaban. Hay un proverbio por acá que dice: «El alemán pide limosna cantando, el francés llorando y el español regañando».

Carta XXXIX
De Gazel a Ben-Beley
[Gazel] abrí un cuadernillo que tenía por título Observaciones y reflexiones sueltas[...]
mientras fui ojeando el manuscrito[...][Nuño]:«Se ha escrito tanto, con tanta variedad, en tan diversos tiempos, y con tan distintos fines sobre el gobierno de las monarquías, que ya poco se puede decir de nuevo que sea útil a los estados, o seguro para los autores».

Carta XL
De Gazel a Ben-Beley
-Todos mis conocidos son mis amigos -me decía [Nuño] -, porque, como saben que a todos quiero bien, todos me corresponden.

A modo de comentario
En esta lectura de hoy, daban ganas de no pasar de la carta XXXI, hasta hacer un estudio exhaustivo del contenido. Hay que rescatar el texto completo y transcribo lo que he omitido -excepto la frase final-, pues en palabras de Ben Beley, Cadalso resume lo que tan cuidadosamente observa, analiza y expone:
[los europeos]"se labran a sí mismos la más penosa esclavitud. La naturaleza les impone leyes como a todos los hombres; la religión les añade otras; la patria, otras; las carreras, otras; y como si no bastasen todas estas cadenas para esclavizarlos, se imponen a sí mismos otros muchos preceptos espontáneamente en el trato civil y diario, en el modo de vestirse, en la hora de comer, en la especie de diversión, en la calidad del pasatiempo, en el amor y en la amistad. Pero ¡qué exactitud en observarlos!"
Es un auténtico disfrute comprobar los libros que salva y sus apostillas, en la Carta XXXII.
Por "la curiosidad de Nuño" (Carta XXXV) nos enteramos cómo era considerado por su hermana: "Mi hermano no abandona su humor de misántropo", y también que ella mantenía correspondencia con una amiga burgalesa.
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https://www.youtube.com/watch?v=F21w6Ayw35c
Interpreta: Paco Ibáñez

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cine programas de mano

08 marzo 2016

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS -EN BUSCA DE DULCINEA I -LA VANGUARDIA


Algunos de los libros de José Sánchez Rojas
traducciones que realizó de las obras de otros autores
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MEDITACIONES
 En busca de Dulcinea
       "En esta mi nueva lectura de Don Quijote, vigésima lectura, reposada y tranquila; para recoger del manantial inagotable de sus canteras el perfume que en el ánimo de Don Quijote y de Cervantes dejaron las mujeres—la enana Maritornes, la vulgar Sanchica, la estúpida sobrina, la inefable Luscinda, Lela Marien la dulce, la gentil Dorotea, la bella Clarita, las dueñas cargantes, la burlona Duquesa, nuestra señora Doña Dulcinea, conocida en su aldea con el nombre vulgar de Aldonza Lorenzo—digo, que al releer el Quijote con ese propósito, el espíritu, en sus horas plenas de libertad y de emoción que son los únicos momentos de su vida, protesta de la limitación que le impone la realidad y la lucha por el pan de la esperanza. 
     Y el lector se detiene en el capitulo VIII, y los dos que le siguen, de la segunda parte, y torna á leer y releer, y meditar, esos tres capítulos. Se detiene aqui con singular deleite y con extraña amargura tratan esos capítulos de lo que le acaeció á Don Quijote cuando fue á ver á su señora Dulcinea y de las burlas de Sancho. Y se advierte que la burla es un arma pobre de razón y que la razón no vale nada junto al sentimiento. La burla supone una estrechez cerebral y es una prueba fuerte de incomprensión ante el dolor humano. 
       Leyendo el Quijote, no puedo soportar después, en muchos meses, á los ironistas profesionales como Quevedo, por citar á los viejos, como Anatole France y Eça de Queiroz  para que no se me diga que me olvido de mis tiempos. Y se advierte -insisto- que la razón no es el único motivo del obrar y que la razón, el sentimiento práctico de conducta, es bien poca cosa sin delicadeza, sin unción, sin bondad, sin el total desdoblamiento del ánimo á toda suerte de vicisitudes. Para comprenderlo todo, hay que amarlo todo. No se penetrará jamás enteramente en el espíritu de Cervantes -no hablo ya de su obra literaria, externa, de lengua y de estilo- si no se ha sentido antes en el alma la fuerza de un ideal, que, á pesar nuestro, nos arrastra cuando parece que somos nosotros los que le arrastramos á él. No se dará uno cuenta de cómo Aldonza es Dulcinea, y las ventas castillos, y los rebaños de ovejas ejércitos de gigantes, y las rameras damas, sino purificamos, antes de la lucha, en la lucha y después de la lucha, las imperfecciones humanas para olvidarlas y quererlas. Nadie más feliz, por ende, que el Don Quijote del amor cristiano, San Francisco de Asís. Nadie más feliz tampoco que el Caballero de la Triste Figura. O que aquella dama andante del ideal, Teresa, que de niña quería irse con su hermano Rodrigo á descabezar infieles, á tierras de protervos herejotes. El toque está en proveerse de una morada para la vida material, y sobre todo de un castillo interior, como la Santa, ó de una fuerza interior como Don Quijote, ó de un amor á todos y á todo como el Santo de Asís, para la vida del espíritu, que no puede vivir con ligaduras, ni con cadenas, ni con limitaciones, los sueños que le dan la libertad y de los que cobra el espíritu su fuerza.
     Recordad, conmigo, los incidentes de Don Quijote . Apretaré el recuerdo en pocas palabras; no temáis fatiga. Marcha Don Quijote á ver á su dama á la aldea del Toboso; quiere el caballero la bendición y la buena licencia de la dama para continuar sus aventuras; aprieta á Rocinante, porque la noche entra á más entrar, y el hidalgo quiere dar con sus cansados y molidos huesos en la aldea del Toboso, para alcanzar el día en aquellos andurriales manchegos de su amor. En el camino habla Don Quijote con Sancho: «Ninguna cosa desta vida -dice Don Quijote- hace más valientes á los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas». Sancho así lo cree, pero apunta la malicia de que el caballero recibirá la bendición de su dama, desde las bardas de un corral.
       Amo y criado discuten. De ricos palacios habla Don Quijote, y de galerías, patios y corredores como digna morada de Dulcinea. Sancho, burlón, materialista, indiferente á los sueños del ideal, advierte que todo puede ser, pero que él vio bardas de corral en la morada de Dulcinea.
 Don Quijote, al contacto de la realidad con Sancho, afirma más y más su fe en el idealismo. Bardas de corral ó verjas doradas de jardín, ¿qué le importan al hidalgo? «Cualquier rayo que del sol de su belleza -afirma Don Quijote- llegue á mis ojos, alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón de modo que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía». ¡Admirable fe la del hidalgo! Las cosas ya no son tangibles realidades, sino sombras y apariencias; con hacer de las bardas verjas, queda resuelto el problema para el espíritu. Sancho no entiende de sutilezas, pero da en el clavo cuando afirma que vale más ser santo que caballero andante. Lo que pasa -puntualiza don Quijote- lo que pasa es que el oficio de la caballería es una suerte de religión, y así sostiene el hidalgo, no ya la igualdad de los oficios y menesteres, sino la santidad de todos ellos. «No todos podemos ser frailes»  -dice agudamente Don Quijote-; en toda profesión se sirve á Dios y se puede alcanzar el ideal. Esto no lo entienden, los literatos que reputan profesión ilícita la de las armas ó los capitanes que entienden cosa de juego y niñería el culto de las musas. 
   Así hablando llegan al Toboso caballero y escudero. Dormía la aldea en sosegado silencio. La noche era entreclara. Ladridos de perros atronaban el oído de nuestros dos amigos. Los vecinos del Toboso dormían á pierna suelta en estas horas altas de la noche. Sólo velaba el desasosegado amor de Don Quijote, porque Sancho estaba, á su modo, dormido. Dormido y lleno de miedo, que su amo iba á descubrirle las tretas de su fingido primer viaje á Dulcinea. Nada de conciertos armoniosos -¡oh picara realidad!- en la patria de la dama. Rebuznan jumentos, maullan gatos, ladran canes, gruñen puercos; en el silencio de la noche, sobre el fondo del silencio del Toboso, redoblan tan lamentables y ásperos sonidos. 
       «Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea, que tal vez la hallemos despierta». Advierte que el caballero llama hijo á Sancho; llámale hijo porque son horas de amor estas horas. «Sancho, hijo...» Una sola palabra bástale á Cervantes para revelarnos cabalmente el estado de espíritu del enamorado y pobre caballero. Sancho no se conmueve; no recuerda de palacio alguno en la aldea del Toboso; en una casa pequeña dice él que vio á Dulcinea, cuando en verdad no la había visto jamás en casa alguna, ni pequeña ni grande. No advirtió don Quijote que Sancho no puede ver jamás á Dulcinea. No quiere discutir con su Señor, y discretamente, juzga Sancho que no son estas las horas de velar Dulcinea. Don Quijote se deja convencer, pero su fe en el amor recobra nuevos bríos. El bulto obscuro de la iglesia parécele á Don Quijote el alcázar de Dulcinea. Pero los ojos de la carne dicenle á Don Quijote que no es palacio sino iglesia lo que tiene delante y humildemente rectifica: «Con la iglesia hemos dado Sancho...» 
    Han dado con la iglesia los dos. Sancho tiene miedo de rondar cementerios á tales horas; Don Quijote, que tiene que topar con el palacio de la hija de Lorenzo Corchuelo, vive alejado de tan infantiles recelos como hacen temblar de angustia á su escudero. Sancho, para alejar el peligro de su aventura, quisiera ver «comido de perros» el alcázar de Dulcinea. No sabemos cómo detiene su cólera Don Quijote; después vemos que necesita su amor de Sancho, es decir, de la materia, de la forma, de la realidad—trabajo, dinero, guía—como siempre necesita el Amor para vivir. Sancho no ha visto nunca á Dulcinea, pero Don Quijote... tampoco la ha visto. ¡Pobre caballero; necesita las confidencias de Sancho para no morir de angustia! Don Quijote tampoco ha visto á Dulcinea; se enamoró de ella por la fama de su honestidad y de sus virtudes. Entonces Sancho dice su primera verdad, que él tampoco ha visto jamás á Dulcinea, pero no cree tal villanía el inocente caballero. Y es que el amor sino se nutre, para vivir, de verdades, se nutrirá de mentiras; á la postre, es igual; necesita vivir, y como no puede elegir de ambiente, acepta de buen grado el que le dan.
     Pero, al llegar á este punto, oyen amo y escudero un romance, y les sucede lo que verá el lector, si tiene la paciencia de leer el segundo artículo que dedico á las huellas de Dulcinea, con el bagaje que me dan mis meditaciones y mi experiencia personal de las cosas, oteando, una vez más, por el peregrino libro, biblia de todos los aciertos y de todos los desaciertos de nuestra raza." 
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
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A modo de comentario
Intentaremos conocer -con las lecturas de los escritos de José Sánchez Rojas-, lo que pensaba de las mujeres que toman vida en los libros escritos por Cervantes.
En La Vanguardia, como en otras publicaciones, aparecieron los textos con sus opiniones.
Veremos en el año 1913, los dos artículos que tituló 'EN BUSCA DE DULCINEA'.
NOTA
He intentado respetar la ortografía, tal como aparece en el artículo, con las preposiciones (a)con tilde, y las conjunciones (o). Hay algunos "sino" que he sentido deseos de separar, o colocar [sic], pero al final me he limitado a transcribir.
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Dejo el enlace musical, de este bello villancico de  Juan del Enzina, 
que nos ofrece YouTube, diciéndonos:
"El arreglo para vihuela sola está hecho por Alfred Fernández"

Ay, triste que vengo
"Cancionero de Segovia", 

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Para saber más de José Sánchez Rojas:
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MIS OTROS BLOGS:

13 enero 2016

LOS PAZOS DE ULLOA (6) EMILIA PARDO BAZÁN


D.ª Emilia Pardo Bazán 
(imagen de internet- wikisource)
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dirigida por el profesor Ojeda 

...
XXVII
"La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejoró más de lo que estaba, y creció su abatimiento físico y moral.
[...][el capellán]pocos días después, volviendo de Naya, se tropezó con el médico. Éste detuvo su caballejo, y, sin apearse, contestó a las preguntas de Julián.
-«Puede ser grave...». Quedó muy débil del parto, y necesitaba cuidados exquisitos [...] Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les tranquiliza y se les distrae el espíritu[...] Mire, Julián, tendríamos que hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz señorita, y de esos Pazos... Punto en boca... Bonito diputado querían ustedes enviar a las Cortes[...] Más valdría que sus padres lo hubiesen mandado a la escuela... 
P. Nieremberg
(imagen de internet)

[...]Tenía Julián a la mano siempre un ejemplar de la Imitación de Cristo;[...]traducción del P. Nieremberg
[...]A la misa en la capilla remozada asistía siempre Nucha, oyéndola toda de rodillas, y retirándose cuando Julián daba gracias
[...]Al alzarse, vio a Nucha también en pie, el índice sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa [...] La mirada de la señorita decía elocuentemente:
«Que se vaya ese niño».
[...]-Es preciso -declaró Nucha sin apartar de él sus ojos, más que vagos, extraviados ya- que me ayude usted a salir de aquí. De esta casa.
[...]es preciso acudir, para completarla, a las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo rapazuelo, hijo de Sabel [...] 
8 maravedís-Isabel II
(imagen de internet)
[don Julián] solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).
El primer recuerdo que Perucho conserva [...] al salir de la capilla, quedóse muy triste arrimado a la puerta, porque aquel día el capellán no le había dado cosa alguna.  
[...]¡su abuelo le había prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la capilla después de oída la misa! 
[...]colóse en la habitación baja donde despachaba Primitivo[...] Cuando el nieto entró, la cara pulimentada y oscura de Primitivo [...] Lleno de esperanza, alzó la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la señora estaba en la capilla, con el señor capellán [...] Que le habían despedido de allí.
[...] Primitivo salió corriendo hacia el interior de la casa [...]
[...]-¡Mis dos cuartos!
-Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al señorito y le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a mí, ¿entiendes? Que el capellán está con la señora encerrado en la capilla y que te echaron de allí para quedar solos.
[...]Iba Primitivo distraído, con el propósito de reunirse a don Pedro, y no miraba a parte alguna. Llegó a atravesar por delante del muro. El niño entonces vio una cosa terrible, una cosa que recordó años después y aun toda su vida
[...] Y en medio de la confusión de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una idea, superior a todas, se levantó triunfante.
[...]Perucho entró triunfante por la puerta del hórreo[...]
Niño riendo Londres,National Gallery.

[...]El rapaz se sentó sin soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en labios del aldeano.
[...]Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más enorme, más brutal que nunca. 
Tampoco Julián olvidará el día en que ocurrieron acontecimientos tan extraordinarios; día dramático entre todos los de su existencia, en que le sucedió lo que no pudo imaginar jamás: verse acusado, por un marido, de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz señorita, a la verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y horrenda calumnia. ¿Y qué sería si hubiesen realizado su plan de fuga al día siguiente?
[...] No olvidará aquellas inesperadas tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida por su habitual timidez
[...]No olvidará tampoco la salida de la casa solariega, ...En el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver.[...] Julián ha reconocido a Primitivo
[...]¡Ah! No, no olvida nada Julián. No olvida en Santiago, donde su llegada se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones leyendarias, 
[...]No olvida cuando el arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en todo lo ocurrido,[...] No olvida cuando éste dispone enviarle a una parroquia apartadísima, especie de destierro, donde vivirá completamente alejado del mundo.
[...] Y así pasa el tiempo, uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza penetra en el alma de Julián
[...] Y en aquel rincón viene a sorprenderle el ascenso, la traslación a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio del arzobispo.
Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de las naciones.
[...]Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima. Parecíale que alguna persona muy querida, muy querida para él, andaba por allí, resucitada, viviente, envolviéndole en su presencia, calentándole con su aliento. ¿Y quién podía ser esa persona? ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda, causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros. ¡La muerte de la señora de Moscoso! Nada más fácil que cerciorarse de ella[...]"
Niños bebiendo agua de una fuente
(imagen internet-Todo colección)
[...]Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión. Se volvió y se incorporó confuso. Tenía delante una pareja hechicera,
[...]¡Vaya si conocía Julián a la pareja!
[...] Mientras el hijo de Sabel vestía ropa de buen paño, de hechura como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede decirse que iba descalza.
París, Marzo de 1886.
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A modo de comentario
Han pasado ciento treinta años desde la aparición de esta novela de D.ª Emilia Pardo Bazán.
Llama la atención, su facilidad para escribir y para contar con naturalidad, valorando la dificultad que el dedicarse a esa tarea entrañaba para una mujer de su tiempo.
A destacar su gracia, y el humor con el que introduce comentarios aún en los momentos más serios.
Y el habla musical y cariñosa de su alma gallega queda patente, especialmente cuando Perucho dialoga con la pequeña nené, en el siempre precioso lenguaje de los niños.



Francisco de Quevedo.
canta: Paco Ibáñez
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