06 enero 2017

ANTONIO JOSÉ (6) -ANTONIO JOSÉ MARTÍNEZ PALACIOS



ANTONIO JOSÉ, MÚSICO DE CASTILLA
Jesús Barriuso Gutiérrez
Fernando García Romero
Miguel Ángel Palacios Garoz
Prólogo de José Subirá
Editado Madrid : Unión Musical Española 1980 
 
"Folk-lore de Castilla-Cancionero popular de Burgos"- F. Olmeda (reedición -1ª ed. Librería editorial de María Auxiliadora. 1903-Sevilla)
"En busca de un músico perdido.ANTONIO JOSÉ"diciembre 1971-Revista Triunfo N.º 482 (Santiago Rodríguez Santerbás)
"En tinta roja. Cartas y otros escritos de Antonio José" Miguel Ángel Palacios Garoz,
Jesús Barriuso Gutiérrez, Fernando García Romero -Ed. 2002
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Primero quiero dar la enhorabuena a María Barriuso, la joven autora de un estupendo trabajo sobre Antonio José. Como ya comenté, hace unos meses, en mi búsqueda de información -en Google-, sobre el músico burgalés, encontré que había sido premiado en el IX Concurso Eustory.


https://www.youtube.com/watch?v=OzEeuVtvSmI
"Antonio José y sus obras. Sonata en sangre", por María Barriuso
(segundo premio del Concurso de Historia Eustory para jóvenes de España, Portugal y América.)
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Quiero agradecerle también que el video -desde diciembre 2016- se pueda disfrutar en YouTube. Creo que compartirlo -con su permiso-, es un excelente regalo de reyes para todos los "antoniojoseistas", como diría don José Subiráel gran amigo de nuestro paisano.
Lo he seguido segundo a segundo, y tomado buena nota de todos los datos que aparecen, y de todas las intervenciones de las personas que -como se puede comprobar- no dejan de emocionarse con la obra de Antonio José.
La obra y biografía de nuestro músico poeta, debe conocerse. Y dentro de nuestras posibilidades aportar nuestro granito de arena para que se consiga. 
Continuará
Nota: Siguiendo las Etiquetas, se puede acceder -fácilmente- a algunas de las entradas que he dedicado a Antonio José Martínez Palacios (Antonio José). También en mi blog FLASES.

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19 diciembre 2016

SAN JUAN DE LA CRUZ- JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS- M.MARTÍNEZ BURGOS-ANTONIO JOSÉ



Matías Martínez Burgos
San Juan de la Cruz, El Cántico espiritual, según el ms. de las Madres carmelitas de Jaén, Madrid: La Lectura, 1924, muy reimpreso.







CRÓNICAS DE SÁNCHEZ ROJAS - SOBRE SAN JUAN DE LA CRUZ -
EL ADELANTO, 20-11-1924 

«He aquí una preciosa edición de “El cántico espiritual”, de San Juan de la Cruz, tal vez la perfecta y la definitiva que acaba de aparecer al público en la biblioteca de Clásicos Castellanos, de “La Lectura” (de Clemente de Velasco y Compañía, Paseo de Recoletos, 25, Madrid). La edición, anotada y comentada por el catedrático señor Martínez Burgos, es una lección consciente y afortunada del manuscrito que conservan las Madres Carmelitas de Jaén. En las “Obras completas” del Santo, editadas por el P. Gerardo y costeadas por la munificencia de la condesa de Bornos, cuyo testamento dio no poco que hablar a las gentes, se advierten errores de bulto, que desaparecen enteramente en esta reciente y primorosa edición de “La Lectura”.
¿Para qué hablaros de la tarea abrumadora que se ha impuesto el acotador?
No son estas impresiones para eruditos, ni para bibliógrafos. El santito iluminado se sorprendería no poco si advirtiese el cuidado extremo que merecen una rima suya, una mayúscula de su letra grande, pulcra y primorosa. El santito cantaba porque sí, por impulso espontáneo de su corazón enamorado, como cantan los pájaros cuando rompe la luz del alba. Sus oteros, sus lomas, sus montes, sus valles, sus cañadas celestiales, por donde discurren amorosas pastoras y enamorados pastorcitos, son parte de un lenguaje purísimo, limpio de ripios y con el ritmo y la expresión que tendría el amoroso sentir en todos los hombres, si todos los hombres fueran ingenuos e infantiles como el santito de Fontiveros.
Con honda emoción releemos, una vez más, estas páginas inmortales, las más sutiles y encendidas que se hayan escrito nunca en castellano.
Las palabras son lenguas de fuego, que ascienden a lo alto, en espiral; las metáforas no son metáforas en Juan, sino decir corriente y personalísimo, narración natural, medio descriptivo, gráfico y primario, lenguaje de amor, donde la emoción se sobrepone al discurso, borrándole y diluyéndole en polvillo de luz y en lumbre de estrellas:

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.


¡Ay! Si los italianos tienen “Vita nova”, nosotros, los españoles, poseemos este Cántico espiritual”, canción maravillosa de amor y de ternura, de candor y de ingenuidad, donde la Esposa de los Cantares puede parangonarse con la hija de Portinari, donde las silvas lucen su resplandor junto al de los sonetos:

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí, tu, vida mía,
aquello que me diste el otro día…


Hojeo la edición en el tren, pasando por Medina, donde San Juan sirvió de enfermero en el Hospital, hacia tierras de Arévalo, donde nació el santito del amor, del caballero toledano Yepes, con la hermosísima Catalina Álvarez, villana de Fontiveros. En la fuerza del día, el sol refulge junto a los trojes. Vislumbro con la imaginación el pueblecito de Fontiveros, y una maravillosa noche del Carmen, noche de julio, que pasé en él, después de horas terribles de propaganda política en Castilla. Las lomas, los oteros, las cañadas, los valles, están allí, en el pueblecito de las fuentes, que manan de noche y a escondidas. Y Juan oyó el rumor de los pinos, en su niñez, y la canción que dice la tierra de Castilla en Agosto, canción de fecundidad, de presentimiento y de promesa. ¡Castilla, madre!
En el tren hojeo esta primorosa edición, camino de Madrid, donde de nuevo me llevan mis afanes, después de una cortísima ausencia de horas. Pasada la alta planicie de Arévalo, oteo los cantos grandes, redondos, formidables, con que se anuncia el Adaja, en Ávila de los Caballeros. La figura de Teresa, alta, morena, con un gracioso lunar en la sotabarba, con los ojos grandes, negros, expresivos y habladores, aparece ante mi corazón. La veo con Juan por los caminos de Castilla.
Una noche, cerca de Madrigal, Juan de la Cruz, rendido de cansancio, queda dormido. Teresa le acoge, amorosa, en sus rodillas. Un frailote tosco y primitivo reprende a la Madre por su desenvoltura. Teresa, encendida por la cólera, le replica graciosa y humildemente:
-Padre mío, ¿dónde cree vuesa merced que pueda dormir mejor un niño que sobre el regazo de su madre?
En aquel momento, Juan oía “el canto del soto y su donaire”, en la serenidad de la noche, sobre el regazo tibio de Teresa. »
Madrid, Noviembre, 1924
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Enlaces: (Para saber más de José Sánchez Rojas):
https://dl.dropboxusercontent.com/u/5892527/Jose_Sanchez_Rojas/SobreSanJuandelaCruz.pdf



A modo de explicación
Del erudito Matías Martínez Burgos -en quien en septiembre de 1936 depositó tanta confianza Antonio José, el músico burgalés-, nos dice Wikipedia en su Biografía que: ... "Su obra más conocida fue una transcripción paleográfica del manuscrito de Jaén del Cántico espiritual (San Juan de la Cruz), 1924."

José Sánchez Rojas, fue un gran conocedor de la obra de Teresa de Jesús. Y ¡cómo no!, también escribió sobre San Juan de la Cruz, siempre atento a todo lo relacionado con estos dos Santos. El artículo transcrito apareció publicado en 'El Adelanto de Salamanca', el 20 de noviembre de 1924. 
Sorprende, cuando se busca información en hemeroteca, cómo -en el pasado-, se encuentran personas relacionadas por escritos, amigos o gustos comunes, siendo de lugares diferentes, y que, a veces pudieron llegar a tratarse.  
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https://www.youtube.com/watch?v=TnvMMZpRKm8
Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz /Amancio Prada
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12 diciembre 2016

ANTONIO JOSÉ (5) ANTONIO JOSÉ MARTÍNEZ PALACIOS

                                              


 BOLETÍN
DE LA
COMISIÓN PROVINCIAL DE MONUMENTOS
HISTÓRICOS Y ARTÍSTICOS
DE BURGOS 
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PUBLICACIÓN TRIMESTRAL
AÑO XII - Número 42
1.er TRIMESTRE DE 1933
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Tipografía de “El Monte Carmelo”
1933.

El día 12 de diciembre de 1902 nació Antonio José Martínez Palacios.
Hoy, 114 años después, se me ha ocurrido preparar esta entrada, como homenaje y recuerdo.
(He transcrito el contenido del trabajo de Antonio José, su título "Coplas Sefardíes".  Ocupaba las páginas 413 a 418. Apareció publicado en el Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos, en el Número 42. Primer trimestre de 1933.)


Coplas sefardíes
Coplas sefardíes, o canciones judeo-españolas. Así se titula un cuaderno de música para canto y piano que el autor, Alberto Hemsi, me manda desde Alejandría por mediación de mi admirado amigo José Subirá. Un cuaderno de música pleno de eufóricas sugerencias. Un rico estuche donde se guardan las canciones que mayor sorpresa pueden producir a un enamorado del canto popular. Un magnífico venero de posibilidades folklóricas de insospechado valor. En la portada, como una invitación a nuestra curiosidad expectante y ávida, está la noticia de dos países y dos fechas que, con relación al contenido del cuaderno, es todo un poema de nostalgia y de ternura; aunque para nosotros represente un suave reproche por diversas razones…
                              España 1492Rodi 1932

El autor escribe luego en una breve nota que “estas melodías populares, conocidas con el nombre genérico de coplas o romansas han sido recogidas en Rodas, capital del Dodecanaso italiano, entre la población judía denominada sefardí por su origen español, y presenta un evidente interés histórico.


Antes, el erudito musicólogo José Subirá, estudia en un jugoso y extenso prefacio “el orientalismo hispanista del compositor A. Hemsi” En ese escrito se demuestra que la música popular española “fue enriquecida por la sucesiva concatenación de diversos dominadores y    de civilizaciones disímiles y cómo esa misma música después emprendió viajes de exportación en todas direcciones”. Los moriscos y los judíos sacaron estas canciones de España “cuando una política regia, deseosa de afianzar la unidad nacional en lo religioso y en lo étnico, tras la conquista de Granada y el descubrimiento de América, les impuso el abandono de una tierra donde ellos y sus antepasados habían vivido como en su propia patria”.
Los judíos expulsados en 1492 de España se expandieron por el mundo llevando en el bagaje de sus recuerdos la canción popular aprendida en nuestro suelo, y nuestra canción vernácula expresó fuera de España el íntimo sentir de los judíos desterrados. Tras cinco siglos de exilio los judíos españoles han conservado puro el tesoro musical que sacaron de España, sin quererse desprender de esa bella reliquia, que no otra cosa representa para ellos tan hermoso patrimonio espiritual.
El caballero Alberto Hemsi, compositor y director de la “Edition Orientale de Musique” de Alejandría (Egipto), nos asegura en su nota que los judíos del Próximo Oriente, en general, y los de Rodas en particular, han conservado con fidelidad asombrosa no solamente el idioma de la antigua Castilla, sus usos y costumbres, sino también numerosos poemas populares que actualmente forman parte de su vida cotidiana.
El mismo autor pondera la dificultad que ha encontrado para fijar con precisión las líneas y las formas de un texto literario trasmitido oralmente desde hace cinco siglos. Ha observado ahincadamente las manifestaciones privadas y públicas de la vida de los sefardíes de Rodas celebradas en diversas épocas del año en los barrios medievales que antiguamente fueron habitados por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, de cuyas costumbres parece desprenderse el efluvio de una arcaica poesía. Y antes de publicar este primer cuaderno de coplas sefardíes ha tenido que comparar con paciente escrupulosidad las diversas versiones literarias y musicales de un mismo poema solicitando el concurso de gran número de personas de todas las edades y de la más variada condición social, hasta lograr la forma que parecía acomodarse más justamente a la lógica y a la tradición probable. Para la apreciación de esta labor penosa hay que añadir que algunos poemas fueron transcritos en caracteres hebreos denominados rachi, los cuales forman una escritura usada entre los judíos de Oriente y a esta transposición gráfica atribuye el autor determinadas anomalías fonéticas que con precisión notable señala en el breve introito de su obra admirable, obra que para nosotros los españoles debe ser ejemplo folklórico, por su belleza, por su interés, por el minucioso esmero de su exposición y por el discreto modernismo de su tratamiento armónico. Labor delicada de orfebre que prueba como pocas la sapiencia de un maestro.  (En España sólo sé de un compositor que haya sabido trabajar ude un modo tan nuevo y tan limpio la canción popular: El P. José Antonio Donostia en sus Trois chants basques).
Porque es casi general entre nuestros compositores el usufructo de una tonada popular, apuntada con más o menos precisión por cualquier folklorista dilettante, a la cual empaquetan anacrónicamente entre acordes etiquetados de tónica y dominante, sin estudiar antes la intención de su forma, de su ritmo, de su melodía, de su tonalidad... El resultado es esa baraúnda de cancioneros, de danzas y de coros pseudopopulares que nos dan por buenos los más  ineptos músicos de hoy, completamente horros de técnica y hasta de sensibilidad lírica. Que si la canción popular requiere fino instinto para su degustación, también necesita por parte de quien ha de trabajarla especialísimas cualidades. Y de un modo singular la canción popular española por los distintos componentes que nutrieron la raíz de su lejano abolengo en el constante devenir de tantas civilizaciones como pasaron por España y que fueron dejando aquí un sedimento lírico originalmente abigarrado, que más tarde había de formar la riquísima solera de nuestra canción campesina.
Nosotros, por descuido, por desaliño, hemos ido quitando las curvas amplias y las pequeñas aristas de la melodía popular, y así la hemos ido dejando monótona y fría, hasta encontrarla hoy insípida en la gran mayoría de los casos, y así la vemos ahora sin aquella pátina arcáica que era su mayor encanto. Si las raíces del canto popular tomaron su profundo jugo, como se cree, de las antiguas melopeas religiosas del canto gregoriano litúrgico, es cosa que parece bastante problemática al observar la rigidez—hablo siempre en general—de estas canciones populares que hoy vemos y oímos en libros y obras corrientes. El verso está descuidado; su aplicación a la tonada parece postiza y a veces atroz, en una amalgama burda; versos que no tienen sentido o que está manifestado groseramente, tal como si fuese la improvisación de un coplero zafio. El ritmo lo vemos encasillado, oprimido por la sequedad métrica de un compás a dos o tres partes, sin otro matiz en la expresión. Hasta la vulgar influencia ambiente ha destruido la ingenuidad y la gracia del canto popular, adaptándolo poco a poco, con mil torceduras cada vez más acusadas, al plebeyo gusto epidémico de las musiquillas callejeras de nuestros depauperados componedores de zarzuela, revista y cuplé. Advierto de nuevo que la visión de nuestro vastísimo campo folklórico no es tan pesimista en su totalidad, y si mucho malo hemos recogido, también hemos encontrado motivos de tan subido valor que por sí sólos demuestran la inagotable riqueza lírico-popular española.
Pero es que en estas coplas sefardíes que comento veo a Hemsi trabajando con un criterio, una precisión y un talento casi únicos por poco corrientes. Tanto el poema como el motivo popular están tratados, repito, con verdadero mimo. Y la parte pianística que acompaña estas canciones es suelta de escritura, libre, de gracioso desenfado. En ella fluye el ritmo espontáneamente, con independiente holgura. Quizás, aquilatando con un poco de rigor, esa libertad risueña de la parte pianística desdibuje algo la sencillez de la línea melódica; pero es un momento: el buen sentido del autor clarifica y ordena todo al punto.
Para terminar, nada mejor que unos ejemplos demostrativos. Obsérvese en ellos la serenidad y la gracia de su intención, tan simple, tan bella, tan pura como el retozo o la melancolía popular.
'Ansí dize la nuestra novia'...
(Enlazo unos videos que unos usuarios han dejado en YouTube):

versión de 'Ansí dize la nuestra novia' 
                                          https://www.youtube.com/watch?v=cnSklqTO24k

'Durme, durme hermosa doncella'…


                                       https://www.youtube.com/watch?v=a4KBwgYGVE0

Detalle interesantísimo en la tonalidad de estas coplas sefardíes es  la constante oscilación en sus cadencias entre el tono mayor y el menor, con una sensación imprecisa de ingenuidad suave y un encanto indefinible; es detalle muy característico en la música hebrea y en la oriental generalmente.
Y ahora a esperar nuevos cuadernos de música sefardí recogida y trabajada por el caballero Alberto Hemsi, a quien fervorosamente aplaudo y admiro. ANTONIO JOSÉ

Enlace en PDF: http://riubu.ubu.es/bitstream/10259.4/451/1/1133-9276_n042_p413-418.pdf
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                                        https://www.youtube.com/watch?v=cnSklqTO24k
Tres canciones: 1.- No paséch por la mi sala  2.- Durme, durme, hermosa Dorzella  3.-Ansi dize la nuestra novia

 NOTA

Este artículo -completo o parcialmente- apareció publicado, también,  en:

BURGOS GRÁFICO. Nº 3 (Noviembre de 1935).

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Aparece citado en DOY FE, de Antonio RUIZ Vilaplana, publicado en 1938, en el capítulo X - (pp.103 a 113), titulado: 'La ejecución de Antonio José, el músico poeta'.
página 112 [...]"Era un artículo firmado por Antonio José, sobre la música sefardí, y en él el articulista relacionaba tal música, por su raíz popular con la música folklórica castellana."
-- En pp.79-80-81 (Coplas sefardíes) en el libro ANTONIO JOSÉ MÚSICO DE CASTILLA, biografía que en el año 1980 publicó la Unión Musical Española, patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Burgos y la Dirección General de Música. Autores: Jesús Barriuso Gutiérrez, Fernando García Romero y Miguel Ángel Palacios Garoz. Prólogo de don José Subirá.
-- En pp.354 a 357 -libro EN TINTA ROJA, cartas y otros escritos de Antonio José (publicado año 2002)
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Para saber más:



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01 diciembre 2016

MIGUEL DE UNAMUNO - NIEBLA (5)

Fotografía de internet
(Todo colección)
Editorial Renacimiento. 1914 - primera edición
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NIEBLA (texto)
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Cap. XIX
[...]"Cuando doña Ermelinda llegó a casa y contó a su sobrina la conversación con Augusto, Eugenia se dijo: «Aquí hay otra, no me cabe duda; ahora sí que le reconquisto.»
Augusto, por su parte, al quedarse solo púsose a pasearse por la estancia diciéndose: «Quiere jugar conmigo, como si yo fuese un piano... me deja, me toma, me volverá a dejar... Yo estaba de reserva... Diga lo que quiera, anda buscando que yo vuelva a solicitarla, acaso para vengarse, tal vez para dar celos al otro y volverle al retortero... Como si yo fuese un muñeco, un ente, un don nadie... ¡Y yo tengo mi carácter, vaya si le tengo, yo soy yo! Sí, ¡yo soy yo!, ¡yo soy yo! Le debo a ella, a Eugenia, ¿cómo negarlo?, el que haya despertado mi facultad amorosa; pero una vez que me la despertó y suscitó no necesito ya de ella; lo que sobran son mujeres.»
[...]"Anunciáronle que una señorita deseaba verle. «¿Una señorita?» «Sí –dijo Liduvina–, me parece que es... ¡la pianista!» «¡Eugenia!» «La misma.»
[...]«Viene a conquistarme, a jugar conmigo como con un muñeco –se dijo–, a que le haga el juego, a que sustituya al otro...» Luego lo pensó mejor. «¡No, hay que mostrarse fuerte!»
[...]«¡A usted, don Augusto, le han engañado lo mismo que me han engañado a mí!» Con lo que se sintió el pobre hombre desarmado y sin saber qué decir. Sentáronse los dos, y se siguió un brevísimo silencio.
[...]–Y así, ¿podremos volver a ser amigos, buenos amigos, verdaderos amigos?
–Podremos.
[...] Volvióse Augusto, entró al gabinete, y al ver a Rosario allí de pie, con la cesta de la plancha, le dijo bruscamente: «¿Qué hay?»
–Me parece, don Augusto, que esa mujer le está engañando a usted...
–Y a ti ¿qué te importa?
–Me importa todo lo de usted.
[...]–La verdad es, chiquilla, que no te entiendo.
[...]–Como usted quiera. Pero fíese de esta chiquilla; fíese de... la Rosario. Más leal a usted... ¡ni Orfeo!
[...]Y se despidieron.
Y al quedarse solo se decía Augusto: «Entre una y otra me van a volver loco de atar... yo ya no soy yo...»
–Me parece que el señorito debía dedicarse a la política o a algo así por el estilo –le dijo Liduvina mientras le servía la comida–; eso le distraería.
[...] dejó de pronto Augusto la baraja sobre la mesa y preguntó:
–Di, Domingo, cuando un hombre está enamorado de dos o más mujeres a la vez, ¿qué debe hacer?
–¡Según y conforme!
–¿Cómo según y conforme?
–¡Sí! Si tiene mucho dinero y muchas agallas, casarse con todas ellas, y si no no casarse con ninguna.
[...]–Que a todos nos gusta, señorito, hacer papel y nadie es el que es, sino el que le hacen los demás.
–Filósofo estás...
–Así me llamaba el último amo que tuve antes. Pero yo creo lo que le ha dicho mi Liduvina, que usted debe dedicarse a la política.
–Sí, tiene usted razón –le decía don Antonio a Augusto aquella tarde, en el Casino, hablando a solas, en un rinconcito–, tiene usted razón, hay un misterio doloroso, dolorosisímo en mi vida. Usted ha adivinado algo.
[...]–¡Más, sí! De modo que usted tiene dos mujeres, don Antonio.
–No, no, no tengo más que una, una sola, la madre de mis hijos. La otra no es mi mujer, no sé si lo es del padre de su hija.
–"Y bien, ¿qué? –le preguntaba Augusto a Víctor ¿cómo habéis recibido al intruso?
[...]–¡No le llames así!
–Fue cosa tuya.
–Sí, pero no quiero oírsela a otro.
–Eso pasa mucho; el mote mismo que damos a alguien nos suena muy de otro modo cuando se lo oíamos a otro.
[...]Porque ya sabes lo que suelen decir los padres señalando a sus hijos: «¡Estos, estos son los que nos hacen viejos!» Ver crecer al hijo es lo más dulce y lo más terrible, creo. No te cases, pues, Augusto, no te cases, si quieres gozar de la ilusión de una juventud eterna.
–Y ¿qué voy a hacer si no me caso?, ¿en qué voy a pasar el tiempo?
–Dedícate a filósofo.
–Y ¿no es acaso el matrimonio la mejor, tal vez la única escuela de filosofía?
–¡No, hombre, no! Pues ¿no has visto cuántos y cuán grandes filósofos ha habido solteros? Que ahora recuerde, aparte de los que han sido frailes, tienes a Descartes,Pascal, a Spinoza, a Kant...
–¡No me hables de los filósofos solteros!
–Y de Sócrates, ¿no recuerdas cómo despachó de su lado a su mujer Jantipa, el día en que había de morirse, para que no le perturbase?
–No me hables tampoco de eso. No me resuelvo a creer sino que eso que nos cuenta Platón no es sino una novela...
–O una nivola...
–Como quieras."
Cap. XXIII
[...]"¡una idea, una idea luminosa, Orfeo! Convirtamos a la mujer, que así me persigue, en materia de estudio. ¿Qué te parece de que me dedique a la psicología femenina? Sí, sí, y haré dos monografías, pues ahora se llevan mucho las monografías; una se titulará: Eugenia, y la otra: Rosario, añadiendo: estudio de mujer ¿Qué te parece de mi idea, Orfeo?»
Antolín S. Paparrigópulos era lo que se dice un erudito [...]Su filosofía era la del malogrado Becerro de Bengoa, que después de llamar tío raro a Schopenhauer aseguraba que no se le habrían ocurrido a este las cosas que se le ocurrieron, ni habría sido pesimista, de haber bebido Valdepeñas en vez de cerveza.
[...]–Pero, bien, ¿qué opina usted de la psicología femenina? –le preguntó Augusto.
[...]–Habría que empezar por plantear una primera cuestión y es la de si la mujer tiene alma.
–¡Hombre!
[...]así como cada hombre tiene su alma, las mujeres todas no tienen sino una sola y misma alma, un alma colectiva
[...]–En efecto, la ciencia es comparación; mas en punto a mujeres no es menester comparar. Quien conozca una, una sola bien, las conoce todas, conoce a la Mujer.
......
A modo de comentario
Hay momentos muy divertidos en los capítulos de esta nivola. Para reír con Augusto evocando la imagen de las palabras de Víctor: "cuando anunciándoles Gervasio, recién casado, que se iba con su mujer a pasar una temporadita en París, le dijo: «¿A París y con mujer? ¡Eso es como ir con un bacalao a Escocia!» Lo que le hizo muchísima gracia a Augusto."
Una escena como la vida misma: "mendigo diciéndole: «¡Una limosna, por Dios, señorito, que tengo siete hijos...!» «¡No haberlos hecho!», le contestó malhumorado Augusto. «Ya quisiera yo haberle visto a usted en mi caso –replicó el mendigo, añadiendo–: y ¿qué quiere usted que hagamos los pobres si no hacemos hijos... para los ricos?» « Tienes razón –replicó Augusto–, y por filósofo, ¡ahí va, toma!» , y le dio una peseta, que el buen hombre se fue al punto a gastar a la taberna próxima."
"¡Me parece que sin darme cuenta de ello me voy enamorando... hasta de Liduvina!"
Y las confidencias a su perrillo: "Orfeo! Convirtamos a la mujer, que así me persigue, en materia de estudio."
Hay reminiscencias de detalles y escenas que hemos leído a Sánchez Rojas y a Azorín.

https://www.youtube.com/watch?v=AQdH3NUwGjU
Corazón loco
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