17 febrero 2017

DOY FE (3) ANTONIO RUIZ VILAPLANA- EDICIÓN 2010

En la fotografía, libros:

1)'DOY FE' (2010) - Antonio Ruiz Vilaplana -
Editor Carlos Olivares (Burgos)- Prólogo: Arturo Pérez-Reverte

2) 'Burgos, Marruecos y otras cuestiones de fe Un viaje en el recuerdo' -Carlos Olivares Ramírez
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Carlos Olivares Ramírez, nos cuenta en su libro 'Burgos, Marruecos y otras cuestiones de fe Un viaje en el recuerdo', que la idea de reeditar el libro Doy fe, le nació en el año 2010, después de que Joaquín -uno de los compañeros en esa expedición- le hiciese la siguiente pregunta:

p.23..."Oye, Carlos, tú que andas entre libros, ¿Conoces uno que se titula Doy Fe? Es que me han hablado de él y tengo ganas de leerlo

Le contesté que era un libro muy viejo y que estaba agotado, pero que si tenía mucho interés intentaría conseguirle uno.

Joaquín me contó que su padre estuvo de conserje en Madrid en el edificio de la Real Academia Española y que siempre estuvo rodeado de libros."





[Carlos Olivares Ramírez]..."añade a la edición anterior: el Prólogo de Arturo y la Nota del Editor"

PRÓLOGO
p.9. «Hace doce años, un amigo funcionario de prisiones me invitó a tomar café y puso encima de la mesa un paquete de viejas fichas de cartulina de los años cuarenta.

-Échale un vistazo a esto- dijo.

Lo eché. Mi amigo había estado clasificando antiguos archivos carcelarios de los años siguientes a la Guerra Civil, de prisiones que ya no existían ; y a la hora de mirar los legajos procedentes de los años cuarenta, había encontrado algo curioso. Fui pasando las fichas, una tras otra. Siempre un nombre, profesión y demás datos, y acto seguido: Muerto en intento de fuga.
Seguí mirando fichas, y todas terminaban con la misma coletilla: Muerto en intento de fuga. Había treinta o cuarenta, y todas terminaban igual. Lo extraño es que la fecha siempre era la misma, que lamento no recordar con exactitud. Un día de otoño, me parece, del año 42. Mi amigo me observaba muy serio:

- Ese día quiso escapar demasiada gente, ¿no?

p.10 Miré las profesiones. Casi todos eran campesinos, obreros, gente muy humilde, con largas condenas o cadenas perpetuas por su actuación en la guerra civil. Había tres fichas con el mismo apellido, hermanos, supongo, de profesión jornaleros. A otro lo recuerdo bien porque me llamó la atención el oficio que figuraba en la ficha: aprendiz alpargatero. Justo ese tipo de infelices que nunca tiene quien le eche una mano, ni hable con el jefe local de Falange o el coronel amigo de la familia, o cosas así. Anónimos don nadie sin pena ni gloria. Algunos eran muy jóvenes, y tampoco faltaba gente mayor, labradores y peones con cincuenta o más años. En algunos de los motivos de prisión figuraba haber sido militantes socialistas, comunistas o anarquistas, aunque la mayor parte de las veces sólo se registraba su participación en tal o cual hecho. Ninguno de los cargos era extraordinario, ni vi delitos de sangre. Supongo que esa clase de presos ya estaban fusilados a tales alturas del año triunfal.

De aquellos infortunados y de los actos que les costaron la vida, recuerdo especialmente a uno: participó en la quema de una imagen sagrada. En el apartado profesión no figuraba nada, su origen era extremeño y andaba por los cuarenta años. La ficha llevaba grapado un papel que habían hecho firmar a su viuda cuando fue a visitarlo y le dijeron que su marido estaba muerto.

El café me supo amargo, como le sabe a uno el café cuando hurga en los rincones más sombríos de esta España desgraciada, donde durante siglos tanta pobre gente se estuvo fugando de cuarenta en cuarenta. Miraba nombres e imaginaba rostros quemados por el sol y arrugados de miseria, sin afeitar, con el miedo y la resignación que a un hombre, acostumbrado a sufrir desde que nace, se le pone en los ojos cuando mira el cañón negro de un fusil. Después, mi amigo reordenó el mazo de fichas y se lo metió en el bolsillo.

p.11-¿Qué vas a hacer con eso? -pregunté.

-Nada -se encogía de hombros-. Devolverlo a su sitio, supongo. Intentar olvidarlo.

- Pero alguien firmó esas órdenes -protestó mi antiguo instinto de reportero-. Detrás de cada una de esas fichas hay una mesa de despacho, un escritorio, un asesino. Igual anda todavía por ahí, viejecito honorable, flaco de memoria.

Mi amigo se echó a reír y dijo algo que nunca he olvidado:

-No seas idiota. Los asesinos somos tú y yo. Es este país. Somos todos nosotros.

Después cogió sus fichas y se fue, y me dejó sabiendo cosas que habría preferido no saber. Cada uno tiene sus propios agujeros negros, sus personales fantasmas que vienen de noche a tirarle de los pies; y a partir de cierto momento, ninguna falta hace aumentar el peso de la mochila. En cuanto a mi amigo el funcionario de prisiones, nos hemos visto muchas veces después de aquello, y no volvimos a mencionar el asunto. Pero por su culpa, en esas noches que te tienen mucho tiempo despierto en la oscuridad, estuve viendo a veces, durante semanas, el rostro de un aprendiz de alpargatero, o el de un pobre hombre sin oficio que quemó una imagen sagrada cuando la República, o el de una viuda obligada a firmar el expediente de su marido muerto, o las sombras de treinta o cuarenta infelices a los que alguien, hace ahora cincuenta y cinco años, decidió aplicar silenciosamente la ley de fugas.  

p.12 Todo eso ha vuelto a ocurrirme en fecha reciente. Y maldita la gracia que me hace. Otro amigo, Carlos Olivares, me ha pedido que prologue un libro que se propone reeditar: Doy fe, de Antonio Ruiz Vilaplana, que fue secretario de juzgado en Burgos durante el primer año de nuestra Guerra Civil. Como digo, Carlos es muy buen y viejo amigo mío, y nada puedo negarle. Pero habría preferido que el encargo se lo hiciera a otro.

Decía Manuel Chaves Nogales -exiliado republicano, aunque nada sospechoso de parcial ni extremista- que a partir de 1936 la estupidez y la crueldad se enseñorearon de España. Que el caldo de cultivo de nuestra sangrienta guerra civil fue  un virus germinado en los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín con las etiquetas de comunismo, fascismo y nacionalsocialismo. Y que el inadvertido hombre celtíbero, inculto, rencoroso y a menudo hambriento, se contagió con rapidez. Y así, después de tres siglos de barbecho, de ignorancia, de injusticia y de miseria, la tierra sedienta de esa infeliz España hizo pavorosamente prolífica la semilla de nuestra estupidez y nuestra crueldad ancestrales.

"Es vano el intento de señalar -escribió Chaves Nogales en Francia, en 1937-  los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos en que se partiera España".

p.13 Es muy útil tener presente esas palabras, a modo de epígrafe introductorio, a la hora de enfrentarse al texto estremecedor que, por las mismas fechas, y también en el exilio, escribió en Francia  Antonio Ruiz Vilaplana, secretario judicial en Burgos, capital de las tropas sublevadas contra la República. Incapaz de soportar por más tiempo las atrocidades de la represión, Ruiz Vilaplana había huido de la España nacional, y al otro lado de los Pirineos decidió dar fe por escrito de aquello en lo que, por su cargo oficial en los juzgados burgaleses, había sido testigo e involuntario cómplice. Lo hizo en un estilo al que sin duda no era ajena su profesión: conciso, riguroso y sin otros adjetivos que los imprescindibles. El resultado es un libro demoledor, pese a su brevedad, que estremece a cualquier lector de buena fe que se sitúe ante sus páginas.

Los dos bandos cometieron atrocidades. Idénticas, a menudo. La misma gentuza, según donde el azar la situaba, dio rienda suelta a su negra alma lo mismo bajo el mono de miliciano que bajo la camisa azul de falangista. A veces, la guerra y la sucesión de los acontecimientos, la condición humana misma, convierte algunas de esas atrocidades en inevitables. Incluso, a juicio de algunos, en naturales. El ser humano es como es, y los crujidos de la historia tienen su propia dinámica. Pero lo que cuenta Antonio Ruiz Vilaplana, secretario judicial de Burgos, no tiene justificación histórica ni social ninguna. Está en el extremo de la crueldad y la saña gratuitas sin otro móvil que el odio y la barbarie. Y también la cobardía de quienes, como el propio autor reconoce de sí mismo, no tuvieron el valor inmediato de oponerse a la sinrazón de los verdugos, por no acabar, también, en las mismas fosas comunes. Sabemos que eso ocurrió en los dos lados; pero libros hay que cuentan otros aspectos de las cosas, las diferencias reales o supuestas, el enfoque objetivo o maniqueo a la hora de enjuiciar los actos de unos y otros asesinos. Que el lector acuda a esas fuentes, si gusta. Así comparándolas a la luz del sentido común, podrá sacar sus propias conclusiones sobre aquellos tres años en la zona controlada por cada bando, y sobre las prolongadas consecuencias de aquella tragedia española durante la dictadura del vencedor. 

Este libro cuenta una parte mínima, pero significativa, de esa tragedia; y basta leer unas pocas líneas para convencerse de la honradez de su autor y de la fidelidad extrema de cuanto narra. Aunque abunda en interesantes retratos de personajes históricos y en consideraciones generales utilísimas para comprender importantes aspectos del conflicto -el general Mola, Franco, la Falange, el Requeté, el siniestro papel de la Iglesia alineada con los verdugos en la zona nacional-, en su mayor parte se circunscribe a la provincia de Burgos, capital de la España rebelde que pronto sería franquista. El puntilloso secretario de juzgado desgrana, queriendo aliviar su conciencia, los crímenes que la sociedad burgalesa, católica, bienpensante, amante de la paz social y el orden público, cometió o toleró sin que a nadie temblara el pulso. La brutal e impune represión en una pequeña ciudad donde la República apenas se había hecho sentir cuatro años después de su proclamación; donde no se habían registrado quemas de iglesias ni desórdenes previos, y donde los ejecutados del primer momento fueron los primeros e ingenuos sorprendidos por la suerte espantosa, desproporcionada, que sus verdugos les deparaban. Limpieza social, fosas comunes, torturas, violaciones y pillajes, dejación de la dignidad nacional en manos de tropas alemanas e italianas, ejecuciones sistemáticas de presos, litros de agua bendita con que las jerarquías eclesiásticas hisoparon todo aquello, constituyen el paisaje estremecedor por el que se mueve este relato fiel, escrito por un hombre honrado. Por alguien que pudo contentarse, sobrevivir, callar y medrar, y no lo hizo. Si la lectura de Doy fe remueve cómodas certezas e inquieta el sueño tranquilo de algunos, tanto en la ciudad de Burgos como fuera de ella, su reedición habrá merecido la pena.
Arturo Pérez-Reverte
De la Real Academia Española
...Continuará...


A modo de comentario

A los que nos gustan los libros, el tener en las manos uno, se convierte en una posible aventura. Sus páginas no se sabe dónde pueden llevarte con la imaginación. Y si son lugares y personajes reales, y un testimonio como el que hay en 'Doy fe', tal vez les dediques muchas horas. Si en el camino se encuentran personas que también lo han leído, y aportan sus interpretaciones, estudios y descubrimientos, es -aunque muy triste como en este caso en el que queda patente lo oscuro de la condición humana-, cuando también se aprecia la valentía de las que no siguen la corriente a los que a costa del sufrimiento de otros, sólo buscan medrar escudados hipócritamente desde todos los tiempos. 
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En libro 'Burgos, Marruecos y otras cuestiones de fe -Un viaje en el recuerdo'
p.73
El Correo de Burgos 13/10/2010...
3 Artículos:
El prólogo de Arturo Pérez-Reverte

Doy fe  Artículo firmado por R. Pérez Barredo.  

Reeditan la descarnada crónica del secretario judicial del Burgos del 36.
Artículo firmado por: P.C.P.


p.80 XL Semanal 28/11/2010. Internet y desparrame -Arturo Pérez-Reverte



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Siguiendo las Etiquetas, con los nombres, se puede llegar a otras entradas en este mismo Blog.
Ediciones anteriores 'Doy fe':
1937- Éditions - Imprimerie Coopérative Étoile -Paris
1977- Epidauro Ediciones -Barcelona
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RTVCyL [Radio y Televisión de Castilla y León]
Félix Iglesias - ABC de Castilla y León
Joaquín Sánchez Torné - El Correo de Burgos...
director de informativos: Eduardo Gordaliza
Edición: Enrique Berzal
Realización Raúl Sancho

https://www.youtube.com/watch?v=XwQXsDBZ3pM
Carlos Olivares Ramírez:(min.8,23): "La Memoria histórica de este país es muy floja, y muy débil y muy interesada"
OLIVARES-LIBROS ANTIGUOS

Programa Primera Hora -(Recogida referencia  en p.77 de 'Burgos, Marruecos y otras cuestiones de fe')
Enrique Berzal entrevista a Carlos Olivares, editor de la obra "Doy fe" de Antonio Ruiz Vilaplana (15/11/2010)
.[..]¿cómo surge la idea de reeditar este clásico de Ruiz Vilaplana? 
...Bueno esto hace muchos años ...que siempre había algún amigo que solicitaba  el libro....y luego se han juntado tres condiciones que son las que dieron el paso final:
Uno era la oposición de determinadas personas a que aquellas personas que perdieron durante la guerra civil a sus familiares tuviesen problemas para intentar hallar sus cuerpos; otro es el intento de algunas personas de cambiar la realidad de la historia; y por fin pues una conversación que mantuve con Arturo Pérez-Reverte en la que yo le manifesté la idea que tenía desde hace tiempo de reeditar este libro y él fue el que me animó definitivamente a hacerlo..."

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10 febrero 2017

ANTONIO JOSÉ (8)- DOY FE (2)

DOY FE
Autor: Antonio Ruiz Vilaplana
1937- Éditions - Imprimerie Coopérative Étoile -Paris
1977- Epidauro Ediciones -Barcelona
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Se cita a Antonio José:
Cap.I
DOY FE - 1937 p.16
  DOY FE – 1977 p.16
DOY FE - 2010 p. 27

[…]”Antonio  José, el músico de alma infantil, adorado por el pueblo burgalés, organizó un orfeón popular que en sus excursiones por la provincia llevaba a los pueblos olvidados la alegría de unas canciones y el despertar a una nueva existencia más grata y generosa.”
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Veremos el capítulo X - 'La ejecución de Antonio José, el Músico Poeta',
DOY FE -1937 (páginas 103 a 114)
DOY FE- 1977(páginas 103 a 114)
DOY FE - 2010 : (páginas 113 a 123)  

Este capítulo X, del libro DOY FE, de Antonio Ruiz Vilaplana,  reproducido en su totalidad, ocupaba las páginas 43 a 47 del ejemplar nº 1, de Enero 1938, de la Revista MÚSICA" (*)
'La ejecución de Antonio José, el Músico Poeta'

'La ejecución de Antonio José, el Músico Poeta'
p.43

p.44
p.45
p.46

p.47

p.48

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Revista MÚSICA  -mensual- Dirección General de Bellas Artes - Barcelona 
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En la página 48,  del ejemplar nº 1, de Enero 1938, de la Revista MÚSICA, incluían también una relación de:

'ALGUNAS OBRAS DE ANTONIO JOSÉ'
Suite ingenua. (Romanza, balada, danza). Interpretada en Madrid por la Orquesta Clásica en 1921) 

Preludio y Danza popular. (De una ópera inédita sobre un tema del «Quijote»). Interpretada por la Orquesta Sinfónica en 1934.

Sonata gallega, para piano (Unión Musical Española, ed. Madrid).

Varias Danzas burgalesas, para piano. (Unión Musical Española, ed. Madrid).

Cinco Coros Castellanos (Esto va güeno, Agudillo, La Tarara, ¡Ay, amante mío! y El molinero) (Unión Musical Española, ed. Madrid).

Tres Cantigas de Alfonso X (Ed. Max. Eschig, París).

Estudio sobre el Folklore Burgalés (Premiado en concurso público del Estado).

La canción popular burgalesa. (Comunicación leída en el III Congreso Internacional de Musicología, Barcelona 1936)

Conferencias sobre varios temas musicales.

Colaboraciones en diferentes revistas: Ritmo, Musicografía, Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Burgos, etc

Su producción musical inédita era copiosísima y abarcaba diversos géneros, música instrumental y vocal, una ópera, varias sinfonías, etc.
Continuará
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(*) Nota: Esta revista de 1938, era dificilísima de encontrar. Leemos en internet, que se hace una reedición en 1998 de la "Música" "Con el patrocinio de la Fundación Autor de la SGAE - Edición facsímil de los cinco números de la revista publicados entre enero y junio de 1938 en Barcelona por el Consejo Central de la Música, un testimonio único sobre la vida musical y cultural española en plena guerra civil, que se encontraba hoy prácticamente ilocalizable."

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https://www.youtube.com/watch?v=nmkScLG8k_k
Dos canciones burgalesas -Antonio José
(Coral Polifónica Sagrada Familia)
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08 febrero 2017

RINCONETE Y CORTADILLO- NOVELAS EJEMPLARES



LAS MUJERES DE CERVANTES (1916)
José Sánchez Rojas
Capítulo 'LA GENEROSA' pp.41 a 46
"Al volver, que volvió, Monipodio, entraron con él dos mozas, afeitados los rostros, llenos de color los labios y de albayalde los pechos, cubiertas con medios mantos de anascote, llenas de desenfado y desvergüenza: señales claras por donde, en viéndolas Rinconete y Cortadillo, conocieron que eran de la casa llana; y no se engañaron en nada"
(Cervantes.- Rinconete y Cortadillo)
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El profesor Ojeda
en su Blog 'La acequia',

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LA GENEROSA
Las mujeres de Cervantes, pp.41 a 46 
Sevilla, casas blancas, cielo azul. El río, ancho y navegable, lleno de galeras y con gente de flota. «Casa no muy buena, sino de muy mala apariencia.» Patio enladrillado, reluciente y limpio; patio de Monipodio. Entremos, amigos, en esta cueva de malandrines, descuideros, bravos, ladrones y mujeres de casa llana. Pronto ha de recibirnos el ministro mayor de tan esclarecida cofradía. Mientras llega el besamanos curioseemos atentamente el palacio peregrino; Miguel de Cervantes nos servirá de guía.
En un lienzo del patio enladrillado hay un banco de tres patas; frente al banco, un cantarillo descascarillado con un jarro encima. Una estera de enea cubre el centro del patio y sobre la estera luce una maceta de albahaca.
El patio se comunica con dos salas bajas, singularmente alhajadas y adornadas. Dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho cuelgan de cuatro clavos de la pared; un arca grande sin tapadera se divisa en un rincón; unas esteras desportilladas y harto sutiles y transparentes decoran el pavimento. Y para que lo religioso se mezcle y se confunda suavemente con lo profano, hay en la pared, frontera a la de los clavos, una imagen de Santa María, tosca, vulgarota, «destas de mala estampa», y debajo una esportilla de palma.  Junto a ella, encajada en el muro, se destaca una jofaina o almofía blancuzca. La esportilla parece un cepo de limosna, y sospechamos que la almofía hace las veces de pila de agua bendita, para que mojemos la yema de los dedos, antes de impetrar auxilio de la misericordia de la dulcísima Madre de Dios.
Mientras nosotros hemos curioseado el extraño aspecto de esta casita, han entrado en ella dos mozos vestidos de estudiantes, dos devotos, un ciego, dos espantapájaros con gafas, una vieja halduda, dos bravos de mostachos terribles y el velludo, cejijunto y barbinegro Monipodio. Todos estos tipos extraños han prescindido de nuestra presencia y no se han dignado cambiar con nosotros saludos ni reverencias. Después, jadeante y sin aliento, ha entrado en el patio un muchacho ágil, de mirada viva e inteligente, previniendo a la respetable comunidad de la sorpresa que parece prepararles el alguacil de vagabundos. 
Pero he aquí dos mozas de rompe y rasga, llamativas, alegres, jacarandosas y burlonas, que nos salen al encuentro con algazara. Llevan «afeitados los rostros, llenos de color los labios y de albayalde los pechos». Correspondiendo a nuestro saludo, nos llaman morenicos y gentiles. Las mozas nos dicen que responden por la Generosa y la Escalanta, y nosotros las consideramos, desde luego, como ornamento y flor del mujerío llano y sin pretensiones en la alegre y desenfadada Sevilla.


La  Sevilla del siglo XVI, el Puerto de Indias en el río Guadalquivir

La Generosa es mejor moza que la Escalanta; fijémonos en ella, que no es damisela que rehuya miradas atrevidas ni se ofenda de requiebros equívocos.
La Generosa tiene hermosos ojos negros, llenos de desvergüenza y alegría; se cubre con medio manto de anascote; habla ceceosa, atropelladamente. Lleva los rollizos brazos al aire, adornados de cardenales y de otras manchitas verdinegras y rojas, y al aire lleva también otras prendas desarrolladas y elásticas, que son mejor para adivinadas que para vistas. La cara es morena, negros y ensortijados los cabellos, la voz áspera y quebradiza, y los ademanes resueltos y muy vivos.
No conoce encogimiento ni timidez la Generosa. Se acaricia los cabellos constantemente con la diestra, juega con arrogancia los brazos, y los ojos, en constante movimiento, acentúan o desvanecen la intención de los vocablos de la moza.
La Generosa, después de cambiar con nosotros breves palabras, se ha dirigido con los brazos abiertos a uno de los bravos, acariciándole y festejándole entre burlas y veras. No nos sorprendemos; aquí, en el patio de Monipodio, nadie se sorprende de nada, y escuchemos las risas de la buena moza, que quiere yantar con tan agradable compaña.
Por el patio se ha extendido la esterilla de la sala, a guisa de mantel. Los ladronzuelos y las mozas se han sentado en derredor de la estera. Una bota de vino ha surgido de las entrañas de una canasta mágica, y la vieja halduda ha besado con todo reposo la cazoleta de la bota, mientras la Generosa, silenciosamente, va embaulando en su estómago cangrejos y más cangrejos, camarones y más camarones, sin olvidarse de regalar a su bravo de turno aceitunas y tajadas de bacalao.
El yantar se ha interrumpido bruscamente.
Una furia del infierno, de cara picada y variolosa, deslenguada y afrentosamente fea, entra en el patio diciendo de su galán ausente que es un desuellacaras, ladrón, piojoso y otras lindezas. Gran algarabía entre las mozas; la Generosa, haciendo guiños a su bravo, tan pronto se burla como parece compadecerse de la Cariharta, que tal es el nombre de la recién llegada.
Presto se declara partidaria la Generosa de los amantes que ventilan a golpes sus diferencias de amor; su tristeza pasiva de ramera -a pesar de la alegría atropellada y violenta en que quiere atrincherarse- confunde las coces con las caricias y las ternezas con los castigos. La Generosa ama en el hombre la fuerza, la energía, la sequedad afectiva, el arranque primerizo, la iniciativa tal vez, y en su triste oficio gusta de los golpes, que ellos embotan el espíritu y adormecen la conciencia.
Continúa el banquete. No cesa de comer la Generosa, sabedora de que el hambre hace más estragos en las mozas que la misma liviandad. Va cediendo el enojo de la Cariharta; llega el amante de la enojada moza; la Generosa envidia acaso el sino de su compañera que ya prepara la reconciliación. Estómagos hartos; danza. La Escalanta se descalza un chapín, tañendo en él como en un pandero; la Generosa, luego de acariciarse sus cabellos fuertes y ensortijados, rasga una escoba de palma, acompañando al tañido seco y rápido de un chapín; los bravos se solazan; la Cariharta -¡oh, las querellas de las mozas del partido!- ya se hocica con su amor; Monipodio, con grave continente, lleva el compás de la contradanza, y todo es ruido, estrépito y bullicio en esta famosa mansión de la hidalguía. 
La Generosa tira la escoba. Escupe. Pone los brazos en jarras. Oye requiebros bárbaros y los devuelve con la natural desvergüenza. Echa hacia atrás su medio manto de anascote y canta con el mismo ritmo de la Escalanta:
Por un morenito de color verde
¿cuál es la fogosa que no se pierde?
Risas, chancetas. Todos sabemos que la Generosa se pierde por cualquiera. Por un morenico aceitunado. Por un rubio con bigotillos de azafrán. Por un barbilampiño de los muchos que en esta alegre ciudad de Sevilla cambian de cortejo con más frecuencia que de camisa. Por un bravucón de mostachos fieros y cejas cerdosas, mandíbulas terribles y hocico saliente. Por un barbilindo de voz atiplada y ademanes mujeriles. ¡Zape! Todos sabemos que la Generosa se pierde por cualquiera.
¡Pobre Generosa! Las tajadas de bacalao frito, las aceitunas, los camarones, el vino trasañejo de Guadalcanal han hecho áspera y quebradiza tu voz; el albayalde y los afeites han acartonado tus pobres carnes de cortesana; el trato de los bravos, la tutela de Monipodio, las burlas y los golpes con que responden a tus caricias fingidas y automáticas, los Maniferros, Chiquiznaques y Repolidos de toda laya, te han convertido en bestia pasiva, en mula de carga, que no sabe quejarse y que suspira por la tralla del arriero.
Sevilla, casitas blancas, jirones de cielo intensamente azul. Sevilla, prado de San Sebastián rumoroso y alegre, río ancho y navegable lleno de galeras y con gente de flota, manchones cárdenos de olivares, torre graciosa de la Giralda, celosías y ventanas adornadas de flores. Descuideros, ladrones, mozas de partido; la Generosa cantando seguidillas desvergonzadas…Miguel de Cervantes pasó días amargos, tristísimos, en Sevilla; la tradición nos cuenta que un buen hombre del pueblo, que un excelente mesonero, fue el más desinteresado y fiel amigo de Cervantes. Aquí, en estas agudísimas páginas de Rinconete y Cortadillo, volcó Cervantes toda su amargura de escritor trashumante y andariego. Toda España era un patio como el de Monipodio; los Chiquiznaques y las Carihartas, los Maniferros y las Escalantas, los Repolidos y las Generosas, mostraban, por todas partes, la carroña de su desvergüenza y osadía. Advertid también que las tajadas de bacalao frito, las naranjas, las sabrosas aceitunas, mueven a Cervantes a exclamaciones de gozo...”
A modo de comentario
He hecho la transcripción del texto completo, de José Sánchez Rojas, dedicado a las mujeres que aparecen en 'Rinconete y Cortadillo'.
Podemos ver, -como apuntaba Gerardo Nieto, en su Blog Entre el Tormes y Butarque-,  que el escritor albense publicaba sus textos haciendo ligeras variaciones. 
Por ejemplo, en el último párrafo de los artículos en prensa de EL HERALDO DE MADRID, y de 
LA ESFERA, el texto de 1916 aparecía convertido en presente de 1922 y 1924: 
[...]" Toda España era y es un patio como el de Monipodio; los Chiquiznaques y las Carihartas, los Maniferros y las Escalantas, los Repolidos y las Generosas, mostraban y muestran, por todas partes, la carroña de su desvergüenza y osadía. ¡Advertid también que las tajadas de bacalao frito, las naranjas, las sabrosas aceitunas, mueven a Cervantes, el hambriento, a exclamaciones de gozo!”


(Dibujos de Marín)

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Para saber más de José Sánchez Rojas:


Blog 'Entre el Tormes y Butarque'
(manuscrito de 'La Generosa')
'Las mujeres de Cervantes'
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y siguiendo las Etiquetas en este mismo Blog.


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06 febrero 2017

ANTONIO JOSÉ (7) - DOY FE (1) - 1937- ANTONIO RUIZ VILAPLANA (1)



24 de octubre de 1977
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A modo de explicación

Como ya he explicado en varias entradas de mis blogs, y en comentarios, desde que leí en Triunfodiciembre de 1971, el artículo de Santiago Rodríguez Santerbás, estaba interesada en todo lo relacionado con nuestro músico burgalés: Antonio José Martínez Palacios.


En el año 1977, estando desde el verano en Burgos, leí en el mes de octubre y noviembre, la noticia sobre un homenaje que iban a hacer a Antonio José Martínez Palacios. Me  alegró mucho el proyecto de editar el "Cancionero burgalés" de Antonio José, premiado en el Concurso Nacional de Música en 1932 (como escribía FUYMA, en su artículo 24 de octubre 1977)
Hubo conferencias y actuaciones dedicadas a su recuerdo, anunciadas en los periódicos:

3, de noviembre de 1977
4, de noviembre de 1977

6, de noviembre de 1977

8, de noviembre de 1977

Y por fin se editaron dos volúmenes, dificilísimos de encontrar hoy día, por lo cual urge una reedición.

Volumen 1 (1980)
Volumen 2 (1980)

En ANTONIO JOSÉ MÚSICO DE CASTILLA, el volumen 1 - 1980  (autores Jesús Barriuso Gutiérrez, Fernando García Romero y Miguel Ángel Palacios Garoz, editado por Unión Musical Española, OBRA PATROCINADA POR EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE BURGOS Y LA DIRECCIÓN GENERAL DE MÚSICA,  con Prólogo de José Subirá (EL ARTISTA ANTONIO JOSÉ) , y diseño de portada de Fortunato Julián, hacían referencia a este libro 'DOY FE', en la nota (27) (páginas 60 y 65):

"Antonio Ruiz Vilaplana, el que fuera Secretario del Juzgado de Instrucción de Burgos desde 1935 hasta junio de 1937, momento en el que huyó de la zona nacionalista, describe el ambiente bélico burgalés en su obra "Doy fe. Un año de actuación en la España nacionalista". Epidauro Ediciones. Barcelona, 1977. Las primeras ediciones de este libro se realizaron en Barcelona y París el año 1937






El capítulo X es el dedicado a "La ejecución de Antonio José, el músico poeta". La obra contiene errores diversos; particularmente el capítulo de referencia. Aunque ya advierte que conoció a Antonio José de una forma muy superficial, dado el escaso tiempo que llevaba en la ciudad cuando ocurren los trágicos sucesos de los que da fe.
Por otra parte, los medios culturales de la zona republicana dedicaron atención a la figura del músico desaparecido. Así, el citado capítulo aparecía reproducido en el N.º 1 de la revista mensual "Música" (Barcelona, enero de 1938), editada por la Dirección General de Bellas Artes durante el primer semestre de aquel año.
En dicho número, junto a "La ejecución de Antonio José, el músico poeta", se incluía también, por indicación expresa de José Subirá, una reseña titulada "Algunas obras de Antonio José". "

https://www.youtube.com/watch?v=jT15zivTr74
Suite ingenua -II Balada - Antonio José (1928)
(piano Alberto Rosado) 
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NOTA

A ver si Carlos Olivares, enamorado de los libros y de las historias de nuestra ciudad, se anima, y libros descatalogados e interesantísimos, como son los citados, pueden rescatarse del olvido, ser conocidos y estar al alcance de todo el mundo, como ha logrado con 'DOY FE', en la reedición de  2010, con prólogo de Arturo Pérez-Reverte, del que hablaremos en días sucesivos.



(Para saber más de ANTONIO JOSÉ, se pueden seguir ETIQUETAS)
Continuará

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