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04 abril 2016

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS - DEL AMOR Y DE LA AMISTAD

DEL AMOR Y DE LA AMISTAD

(Conferencia leída por su autor ante el micrófono de la radio Ibérica de Madrid, a las once y media de la noche del día 13 de julio)
A las mujeres de Vigo dedico esta conferencia en un momento de turbación espiritual.

«¡Buenas noches, mujeres españolas, buenas noches! Permitidme, señoras invisibles, que converse con vosotras unos minutos. Estas noches de julio,

Y de sanos perfumes en las eras,


que dijo el poeta de Castilla, mi pobre amigo José María Gabriel y Galán: estas noches de trojes y de parvas, de espigas que se tronchan al peso de su fruto, noches de sueños y de verbenas, se prestan para la confidencia de oído a oído y de corazón a corazón. Y estas noches de julio, al mismo tiempo -no lo olvido, señoras- noches de dolor para muchas pobres madres que, pendientes de las noticias de Africa, rezan a los Cristos sarmentosos en la soledad de las iglesias españolas por aquel hijo de sus entrañas que defiende el honor de la bandera en las tierras inhóspitas del Riff. No puedo turbar vuestro dolor, madres, con palabras triviales, ni quiero deciros a las que no lo sois aún, galanterías al uso que más que gestos de hombre que ama son contorsiones y piruetas de mico que desea. Ante unos ojos que no me ven, pero ante unos oídos que me escuchan puedo permitirme la elegancia moral de ser sincero. Además, las palabras -os decía no ha muchos días desde esta misma cabina en que yo hablo, un hombre bueno, inteligente y discreto, mi camarada Joaquín Aznar- ya no se las lleva el viento: las recogen las ondas y las meten en nuestros oídos y en nuestros corazones. Si las ondas transmitieran a la vez el silencio con todos sus matices y con todas sus vibraciones, callando me entendería mejor con vosotras. Pero tengo que hablar y quisiera administraros la palabra, fervorosamente y con unción, porque la palabra más que un sonido, es un sacramento. Antes del mundo, fue el verbo, dicen los libros santos, porque antes de hacer Dios el mundo lo nombró: la palabra es el gran misterio antes de convertirse en luz. Las palabras matan y las palabras dan vida. Una palabra os trajo la desgracia y otra os desposó con la felicidad. Somos hijos de Dios, señoras, por eso, porque tenemos palabras, porque un sonido físico pone al descubierto nuestro espíritu, porque la palabra es el escudo que acredite nuestra divinidad y nuestra familiaridad con los dioses.

Si no hubiera palabra, no habría amor tampoco. La palabra de amor, de tan henchida de plenitud como está, es muchas veces trivial y bobita, ya lo sé, pero es así porque encierra silencios que no pueden colmar las deficiencias de nuestro tesoro mental y haces de luz que ciegan nuestra pobre sensibilidad, hecha a las tinieblas. Un "¡te quiero!",  dicho con emoción, es el germen de todo el romancero español, y de la balada alemana, y del endecasílabo toscano. Es la escena del jardín de Verona, cuando Romeo, delante de la sombra blanca de su Julieta, oye el trino de los ruiseñores dentro de su corazón que salta. Un "¡te quiero"!,  susurrado en un minuto de verdad, es Beatriz caminando por el Puente Viejo, es Leonor de Este enloqueciendo al poeta en su castillo de Ferrara, y es Dulcinea del Toboso sorbiendo los sesos a aquel pobre hidalgo cincuentón, amigo nuestro, que se llamó don Quijote, y que al conjuro de una palabra trivial, dió en la flor de pasar los días de turbio en turbio y las noches de claro en claro. Pero un te quiero es mucho más que los sueños de los poetas, porque es también el drama del Calvario y el secreto de nuestra maternidad, y la razón de vuestra vida, y hasta el anhelo, no turbado, de nuestra esperanza y de nuestros sueños.

Y como no hay palabras triviales, señoras mías, quiero que meditéis conmigo en ellas, que los hombres os las decimos torpemente, de corrido, a flor de labio más que a flor de alma, porque en España, ni vosotras sois amigas nuestras, ni nosotros, si prescindimos  de las mujeres familiares, solemos amigarnos más que con hembras libertinas y pasajeras que pasan por nuestro corazón velozmente y sin dejar rastro alguno de luz en él. Vivimos mujeres y hombres en España como hermanos siameses, con las espaldas vueltas y la cabeza y el corazón de espaldas.

Los tenorios son, ante vosotras, por la ausencia de trato, tontuelos tímidos que no dicen dos palabras seguidas con sentido, y las mujeres pizpiretas e ingeniosas de suyo se exhiben ante el hombre, al que no tratan ni conocen, en un plano de falsedad y de gazmoñería que les hacen intolerables y poco gratas a la larga. Así, en lugar de ser colaboradores, somos adversarios, de la clase de encubiertos, que son los peores, y el afecto tranquilo, reposado y sereno de la amistad, se convierte, entre las mujeres y los hombres de nuestra España, en una batalla, donde hacen sus guiños el erotismo y la bestialidad con dessenfreno. Como no nos conocemos, no podemos amarnos. Jugamos a engañarnos y a escondernos, como los chicos, y el que engaña más es el que gana esta pobre y necia batalla de la mentira y de la farsa. Como nos falta a los hombres, por regla general, el contacto con la mujer, somos ásperos, violentos y duros, carecemos de delicadeza y no tenemos esa flexibilidad encantadora, ese segundo pleno que vosotras dejáis adivinar siempre en cualquier panorama espiritual vuestro, por sencillo y primitivo que nos parezca, y como a vosotras, mujeres, os falta también el trato con el hombre, que más que perverso es majadero -muchas de vosotras estáis ya en el secreto- carecéis, a la vez, de cierto matiz de justeza y de ponderación que suele faltaros, de cierta complejidad en el juicio, porque las cosas son mucho más complicadas de lo que parecen, y no sabéis hermanar vuestro instinto maravilloso, vuestro sagaz primer golpe de vista con la reserva en el fallo y la ductilidad en la sentencia. Por no ser amigos vuestros, nosotros carecemos de ternura y porque vosotras estáis siempre en estrategas con los hombres, perdéis las batallas que debiérais ganar siempre, ya que rompéis el fuego en primer lugar, elegís el escenario de la batalla y soleis también armaros de las armas que más os convienen y con las que imagináis hacer los mayores estragos.

El amor que no es hijo de la amistad no puede ser ni sólido ni duradero. El amor que no se basa en el conocimiento ni en la exhibición no es perfecto y sabio amor. Amore d'inteletto, amor de conocimiento, amor de estimación, llama el Dante a su pasión por Beatriz Portinari: pero el Dante conoce a Beatriz de niña,  y es de una familia gibelina, modesta y artesana como él, y sabe, por sus amigos y por las novias de sus amigos, de su pureza y de su modestia, de sus encantos y de su perenne y candorosa niñez espiritual. Don Quijote también conoce mucho a su Aldonza; por eso le regala el trono de la Mancha y la hace princesa en el altar de su corazón.

Durante algunos años, asiste Don Quijote a misa los domingos en la parroquia del Toboso. A la salida ve a la mozallona en el atrio, y al verla suspira fuertemente. Amor de silencio el suyo, se desborda al cabo de unos años, y, la flor, colmada, se trueca en punto de conquista y en gloria de aventuras. Y si pudiéramos explicar, a la usanza humana, el amor de Teresa por Jesús, no lo explicaríamos, a buen seguro, de otra suerte. Jesús y Teresa son, desde muy niños, los mejores amigos de la tierra. Una buena tarde, Teresita, acompañada de su hermano Rodrigo, se desgarra de su casa de Avila, porque desea que los infieles la descabecen para ofrecer su cabecita en holocausto a su Dios. Lo que ocurre es que el buen Dios no tolera ese sacrificio porque necesita de su Amada para poblar a España de palomares rústicos. Y muere, ya vieja, en los brazos de su esposo, cuando florece un almendro raquítico y seco que hay en el jardín del Convento de Alba de Tormes, entre arpas y trompetas celestiales, que tañen y soplan los ángeles y serafines, para celebrar los esponsales de Jesús y de Teresa, en los cielos, por toda la eternidad.

Los grandes amores son maduros y sazonados siempre. Prematuros, mueren antes de florecer; y a destiempo, y pasados de estación, se agotan y pudren en los sumideros del alma. Hay su primavera en el año del corazón, con sus brisas abrileñas, y sus aguas de mayo, y sus auroras de rosa, y sus atardeceres melancólicos y tibios, la primavera se repite muchas veces, muchas, pero ¡ay! del que la deja pasar, sin asentar su brisa en el alma, más de dos o tres veces. Viene de pronto, sin avisar, como un ladrón nocturno, viene de pronto, como ha cantado en su maravilloso libro reciente Nuevas cancioneseste gran poeta que se llama Antonio Machado.
pero se marcha también de pronto sin avisar: lo mismo que llegó. Es inútil que la aprisionemos.

https://www.youtube.com/watch?v=PhBryQj8V20
Antonio Machado (CLIX)
LA PRIMAVERA HA VENIDO  

Los niños, los días soleados, empuñan sus manecitas imaginando que retienen los rayos solares, y lloran cuando no advierten el eco del sol en la palma. Los hombres nos reimos, pero somos como ellos, niños también. Queremos retener una primavera que nos acaricia, pero que estamos muy lejos de merecer, y cuando alzamos los puños airados, y en lugar de una plegaria de comprensión musitamos una blasfemia de odio, la primavera se marcha de nosotros, ágil y risueña como una chiquilla de quince años, para ceder el paso a un invierno turbio y negro, de aguaceros, de escarchas, de hielos y de nieves.

Y es que el amor que trajo esa primavera, era un amor callejero. Lo incubó tal vez el deseo, el deseo se vistió de hembras falsas, y fuimos juguete de nuestra propia bestialidad inconfesada. Advertir, señoras mías, que el amor verdadero no llega pronto, sino por sus pasos contados. Primero, es conocimiento. Estimación después. Más tarde, recreo de presencia, ánsia de comunicación, pérdida de la noción del tiempo...y del espacio. Y, al final, maravilla, divina maravilla, milagro florecido. Mayo perenne y eterna!...¡Ay! Quién no lo ha vivido no ha sido, verdaderamente, hijo de Dios. Porque todo el mundo tiene entonces un sentido nuevo, y nuestro corazón conoce entonces el sentido del mundo, y sentimos sus palpitaciones todas, en nuestro corazón, y la cosa más pequeña, el minuto más liviano, lo colmamos buceando lo infinito en unos ojos o encontrado el misterio de la vida en el silencio de unas palabras que no supimos decir y que no sabremos decir tampoco nunca, pero nunca.

Estos amores de eternidad perduran siempre en nuestro espíritu, sin que seamos desleales con los que vivimos honestamente después, a lo largo de nuestra vida de luchadores. En la vida del hombre más desengañado y más triste hay siempre faros luminosos, hijos de nieve, que son como regatos de agua en un erial o como juncos y bardales de río en la paramera y en el desierto. La madre primero, una amiga nuestra de la infancia, otra mujer –viva acaso- en cuyos amores nos complacemos y deleitamos, con absoluto desinterés, o, mejor todavía con el interés estético con asiste el poeta a la contemplación de un cuadro de infinita belleza. Todos tenemos en el corazón una zona infranqueable a la codicia y al deseo carnal, y esta zona recogerá los paisajes más anchos de nuestra alma, acaso toda ella en toda su integridad, el día en que vosotras, señoras mías, y nosotros, no esclavos, sino compañeros y señores vuestros también, nos amiguemos en amistad leal y profunda, en camaradería discreta y comprensiva, sin reñir batallas donde sólo debemos mirarnos cara a cara, sin avergonzarnos y sin bajar los ojos, entre apretones de manos, cediendo los hombres nuestro brazo de hierro para que sobre él caminéis, libre y amorosamente, por la vida con vuestros sueños y haciéndonos vosotras, mujeres, la merced de vuestra sonrisa, de vuestra piedad, de vuestra tolerancia, de vuestra comprensión, para que nos sirváis de almohada blanda en las horas de reposo y de freno –y también de espuela y de brida- en los momentos de pelea.

Muchas veces pienso que las amarguras de nuestra España no tienen, en el fondo, otra causa que este desconocimiento y esta distinción que reina entre vosotras y nosotros. Somos injustos y crueles porque vosotras no nos ayudáis; sois vosotras frívolas y ligeras porque no os apoyáis lealmente en nuestro brazo para caminar con firmeza. Los pueblos fuertes son pueblo hogar, como Inglaterra.

El home es, para el inglés corriente y moliente, la chimenea y las zapatillas, sí, pero es también para el inglés toda la vieja Inglaterra el home, la casa, el hogar. Francia es más bien un pueblo-salón. Está de tertulia siempre. Necesita el vino espumoso, y la carne fresca, y la causerie chispeante, y el virt que no compromete, y la palabra que se desliza, insinuando demasiado o no insinuando nada. Pero España, esta España de vosotras y de nosotros, esta España de vuestros hijos y de vuestros novios , esta España que vosotras, más que nosotros hacéis, es un pueblo de calle. Y es espantoso, frívolo y teatral. Pongamos toda nuestra nobleza en él para que no se nos vaya de entre las manos, como de las manos de los niños se escapan los rayos de sol.

Y ahora, señoras mías, ¡perdón y buenas noches! Mis palabras tal vez han sido duras, porque son palabras de amor, os lo aseguro. ¡Perdón y buenas noches, señoras mías!»

A modo de explicación


Vemos que José Sánchez Rojas tiene temas a los que vuelve de alguna manera en todos sus escritos. La obra de Cervantes, está siempre presente.
Estaba al día de todas las novedades literarias. En diversos escritos habla con admiración y cariño de la poesía y de la persona de Antonio Machado.
Además de sus siempre trabajos excelentes como cronista, en el año 1923 José Sanchez Rojas había publicado 'Tratado de la perfecta novia' y en sus páginas prometía -para un futuro- el 'Tratado del perfecto amor'. No llegó a publicarlo, si bien en cada uno de sus textos es casi imposible no descubrir la importancia que daba a este sentimiento en su vida.
La situación política en ese año 1924era preocupante, pero, como sabemos, también requería una llamada de atención para la imagen que devolvía la sociedad de nuestro país respecto a las relaciones entre hombres y mujeres.
Nota:
(He intentado transcribir el texto tal y como apareció publicado, respetando hasta alguna incorrección. )     
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https://www.youtube.com/watch?v=b5A8WlSTa48
Palladini e Gargano - Donne ch'avete intelletto d'amore - 
(El texto es de Dante Alighieri)
(imagen "Dante y Beatriz, pintura de 1884 realizada por el pintor Henry Holiday)
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Para saber más de José Sánchez Rojas:


BLOG 'FLASES'
(Seguir etiquetas)

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08 marzo 2016

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS -EN BUSCA DE DULCINEA I -LA VANGUARDIA


Algunos de los libros de José Sánchez Rojas
traducciones que realizó de las obras de otros autores
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MEDITACIONES
 En busca de Dulcinea
       "En esta mi nueva lectura de Don Quijote, vigésima lectura, reposada y tranquila; para recoger del manantial inagotable de sus canteras el perfume que en el ánimo de Don Quijote y de Cervantes dejaron las mujeres—la enana Maritornes, la vulgar Sanchica, la estúpida sobrina, la inefable Luscinda, Lela Marien la dulce, la gentil Dorotea, la bella Clarita, las dueñas cargantes, la burlona Duquesa, nuestra señora Doña Dulcinea, conocida en su aldea con el nombre vulgar de Aldonza Lorenzo—digo, que al releer el Quijote con ese propósito, el espíritu, en sus horas plenas de libertad y de emoción que son los únicos momentos de su vida, protesta de la limitación que le impone la realidad y la lucha por el pan de la esperanza. 
     Y el lector se detiene en el capitulo VIII, y los dos que le siguen, de la segunda parte, y torna á leer y releer, y meditar, esos tres capítulos. Se detiene aqui con singular deleite y con extraña amargura tratan esos capítulos de lo que le acaeció á Don Quijote cuando fue á ver á su señora Dulcinea y de las burlas de Sancho. Y se advierte que la burla es un arma pobre de razón y que la razón no vale nada junto al sentimiento. La burla supone una estrechez cerebral y es una prueba fuerte de incomprensión ante el dolor humano. 
       Leyendo el Quijote, no puedo soportar después, en muchos meses, á los ironistas profesionales como Quevedo, por citar á los viejos, como Anatole France y Eça de Queiroz  para que no se me diga que me olvido de mis tiempos. Y se advierte -insisto- que la razón no es el único motivo del obrar y que la razón, el sentimiento práctico de conducta, es bien poca cosa sin delicadeza, sin unción, sin bondad, sin el total desdoblamiento del ánimo á toda suerte de vicisitudes. Para comprenderlo todo, hay que amarlo todo. No se penetrará jamás enteramente en el espíritu de Cervantes -no hablo ya de su obra literaria, externa, de lengua y de estilo- si no se ha sentido antes en el alma la fuerza de un ideal, que, á pesar nuestro, nos arrastra cuando parece que somos nosotros los que le arrastramos á él. No se dará uno cuenta de cómo Aldonza es Dulcinea, y las ventas castillos, y los rebaños de ovejas ejércitos de gigantes, y las rameras damas, sino purificamos, antes de la lucha, en la lucha y después de la lucha, las imperfecciones humanas para olvidarlas y quererlas. Nadie más feliz, por ende, que el Don Quijote del amor cristiano, San Francisco de Asís. Nadie más feliz tampoco que el Caballero de la Triste Figura. O que aquella dama andante del ideal, Teresa, que de niña quería irse con su hermano Rodrigo á descabezar infieles, á tierras de protervos herejotes. El toque está en proveerse de una morada para la vida material, y sobre todo de un castillo interior, como la Santa, ó de una fuerza interior como Don Quijote, ó de un amor á todos y á todo como el Santo de Asís, para la vida del espíritu, que no puede vivir con ligaduras, ni con cadenas, ni con limitaciones, los sueños que le dan la libertad y de los que cobra el espíritu su fuerza.
     Recordad, conmigo, los incidentes de Don Quijote . Apretaré el recuerdo en pocas palabras; no temáis fatiga. Marcha Don Quijote á ver á su dama á la aldea del Toboso; quiere el caballero la bendición y la buena licencia de la dama para continuar sus aventuras; aprieta á Rocinante, porque la noche entra á más entrar, y el hidalgo quiere dar con sus cansados y molidos huesos en la aldea del Toboso, para alcanzar el día en aquellos andurriales manchegos de su amor. En el camino habla Don Quijote con Sancho: «Ninguna cosa desta vida -dice Don Quijote- hace más valientes á los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas». Sancho así lo cree, pero apunta la malicia de que el caballero recibirá la bendición de su dama, desde las bardas de un corral.
       Amo y criado discuten. De ricos palacios habla Don Quijote, y de galerías, patios y corredores como digna morada de Dulcinea. Sancho, burlón, materialista, indiferente á los sueños del ideal, advierte que todo puede ser, pero que él vio bardas de corral en la morada de Dulcinea.
 Don Quijote, al contacto de la realidad con Sancho, afirma más y más su fe en el idealismo. Bardas de corral ó verjas doradas de jardín, ¿qué le importan al hidalgo? «Cualquier rayo que del sol de su belleza -afirma Don Quijote- llegue á mis ojos, alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón de modo que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía». ¡Admirable fe la del hidalgo! Las cosas ya no son tangibles realidades, sino sombras y apariencias; con hacer de las bardas verjas, queda resuelto el problema para el espíritu. Sancho no entiende de sutilezas, pero da en el clavo cuando afirma que vale más ser santo que caballero andante. Lo que pasa -puntualiza don Quijote- lo que pasa es que el oficio de la caballería es una suerte de religión, y así sostiene el hidalgo, no ya la igualdad de los oficios y menesteres, sino la santidad de todos ellos. «No todos podemos ser frailes»  -dice agudamente Don Quijote-; en toda profesión se sirve á Dios y se puede alcanzar el ideal. Esto no lo entienden, los literatos que reputan profesión ilícita la de las armas ó los capitanes que entienden cosa de juego y niñería el culto de las musas. 
   Así hablando llegan al Toboso caballero y escudero. Dormía la aldea en sosegado silencio. La noche era entreclara. Ladridos de perros atronaban el oído de nuestros dos amigos. Los vecinos del Toboso dormían á pierna suelta en estas horas altas de la noche. Sólo velaba el desasosegado amor de Don Quijote, porque Sancho estaba, á su modo, dormido. Dormido y lleno de miedo, que su amo iba á descubrirle las tretas de su fingido primer viaje á Dulcinea. Nada de conciertos armoniosos -¡oh picara realidad!- en la patria de la dama. Rebuznan jumentos, maullan gatos, ladran canes, gruñen puercos; en el silencio de la noche, sobre el fondo del silencio del Toboso, redoblan tan lamentables y ásperos sonidos. 
       «Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea, que tal vez la hallemos despierta». Advierte que el caballero llama hijo á Sancho; llámale hijo porque son horas de amor estas horas. «Sancho, hijo...» Una sola palabra bástale á Cervantes para revelarnos cabalmente el estado de espíritu del enamorado y pobre caballero. Sancho no se conmueve; no recuerda de palacio alguno en la aldea del Toboso; en una casa pequeña dice él que vio á Dulcinea, cuando en verdad no la había visto jamás en casa alguna, ni pequeña ni grande. No advirtió don Quijote que Sancho no puede ver jamás á Dulcinea. No quiere discutir con su Señor, y discretamente, juzga Sancho que no son estas las horas de velar Dulcinea. Don Quijote se deja convencer, pero su fe en el amor recobra nuevos bríos. El bulto obscuro de la iglesia parécele á Don Quijote el alcázar de Dulcinea. Pero los ojos de la carne dicenle á Don Quijote que no es palacio sino iglesia lo que tiene delante y humildemente rectifica: «Con la iglesia hemos dado Sancho...» 
    Han dado con la iglesia los dos. Sancho tiene miedo de rondar cementerios á tales horas; Don Quijote, que tiene que topar con el palacio de la hija de Lorenzo Corchuelo, vive alejado de tan infantiles recelos como hacen temblar de angustia á su escudero. Sancho, para alejar el peligro de su aventura, quisiera ver «comido de perros» el alcázar de Dulcinea. No sabemos cómo detiene su cólera Don Quijote; después vemos que necesita su amor de Sancho, es decir, de la materia, de la forma, de la realidad—trabajo, dinero, guía—como siempre necesita el Amor para vivir. Sancho no ha visto nunca á Dulcinea, pero Don Quijote... tampoco la ha visto. ¡Pobre caballero; necesita las confidencias de Sancho para no morir de angustia! Don Quijote tampoco ha visto á Dulcinea; se enamoró de ella por la fama de su honestidad y de sus virtudes. Entonces Sancho dice su primera verdad, que él tampoco ha visto jamás á Dulcinea, pero no cree tal villanía el inocente caballero. Y es que el amor sino se nutre, para vivir, de verdades, se nutrirá de mentiras; á la postre, es igual; necesita vivir, y como no puede elegir de ambiente, acepta de buen grado el que le dan.
     Pero, al llegar á este punto, oyen amo y escudero un romance, y les sucede lo que verá el lector, si tiene la paciencia de leer el segundo artículo que dedico á las huellas de Dulcinea, con el bagaje que me dan mis meditaciones y mi experiencia personal de las cosas, oteando, una vez más, por el peregrino libro, biblia de todos los aciertos y de todos los desaciertos de nuestra raza." 
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
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A modo de comentario
Intentaremos conocer -con las lecturas de los escritos de José Sánchez Rojas-, lo que pensaba de las mujeres que toman vida en los libros escritos por Cervantes.
En La Vanguardia, como en otras publicaciones, aparecieron los textos con sus opiniones.
Veremos en el año 1913, los dos artículos que tituló 'EN BUSCA DE DULCINEA'.
NOTA
He intentado respetar la ortografía, tal como aparece en el artículo, con las preposiciones (a)con tilde, y las conjunciones (o). Hay algunos "sino" que he sentido deseos de separar, o colocar [sic], pero al final me he limitado a transcribir.
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Dejo el enlace musical, de este bello villancico de  Juan del Enzina, 
que nos ofrece YouTube, diciéndonos:
"El arreglo para vihuela sola está hecho por Alfred Fernández"

Ay, triste que vengo
"Cancionero de Segovia", 

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Para saber más de José Sánchez Rojas:
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15 octubre 2015

SANTA TERESA DE JESÚS (1) -



Santa Teresa en una copia de un original de Fray Juan de la Miseria.
(QUINTA EDICIÓN) 1954
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Enlace:(PDF-Edición 1915:
(bibliotecadigital.jcyl.es/)




..."Con el mayor gusto concedemos también doscientos días de indulgencia a los que lean algún capítulo de esta edición" 


ENRIQUE de OSSÓ
 ..."fundador de la Congregación de Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, popularmente conocida como "Teresianas", es uno de los hombres que en el siglo XIX intentaron mantener viva la fe cristiana en España, con una fuerte convicción a favor de la Iglesia y la Sede Apostólica."
(Nota: San Enrique de Ossó -Canonización 16 de junio 1993
Emisión Centenario de Santa Teresa
(33 pesetas)

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Copio de  Wikipedia

"Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como santa Teresa de Jesús o simplemente Teresa de Ávila (Gotarrendura, o Ávila28 de marzo de 1515 – Alba de Tormes4 de octubre de 1582), fue una religiosa, fundadora de las carmelitas descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (o carmelitas), mística y escritora españolaDoctora de la Iglesia católica. Junto con san Juan de la Cruz, se considera a santa Teresa de Jesús la cumbre de la mística experimental cristiana, y una de las grandes maestras de la vida espiritual en la historia de la Iglesia."
1574...En dicho año se denunció a la Inquisición por primera vez la autobiografía de Teresa, 
 1575... En abril conoció al P. Jerónimo Gracián que estaba en Sevilla como visitador de la Orden, 
...recibió una denuncia que puso la princesa de Éboli a la Inquisición española por el Libro de su Vida.
1578 ...Sostuvo (1578) una polémica con el padre Suárez, provincial de los Jesuitas
...el nuncio redobló sus persecuciones hasta el punto de pretender destruir la reforma, desterrando a los principales descalzos y confinando a Toledo a Teresa, por él calificada de «fémina inquieta y andariega». 


Inicio de las fundaciones a lo largo de España

A fines de 1561 recibió Teresa cierta cantidad de dinero que le remitió desde el Perú uno de sus hermanos, y con ella se ayudó para continuar la proyectada fundación del Convento de San José

...Teresa, que en el transcurso de su vida escribió muchas cartas, estuvo en Salamanca en 1573.
Allí, obedeciendo a su director, el jesuita Ripalda, redactó el libro de sus fundaciones.

Últimas fundaciones y muerte

...El decimoséptimo de descalzas lo fundó ella en Burgos, donde escribió sus últimas fundaciones, incluyendo la de dicha ciudad. 


Reconocimientos


Beatificada Teresa en 1614 por Paulo V, e incluida entre las santas por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622...
[...]en 1970, santa Teresa de Jesús se convirtió (junto con Santa Catalina de Siena) en la primera mujer elevada por la Iglesia Católica a la condición de Doctora de la Iglesia, bajo el pontificado de Pablo VI
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Las obras:
"Camino de perfección (15621564); Conceptos del amor de Dios y El castillo interior (o Las moradas). Vida de Santa Teresa de Jesús (15621565) escrita por ella misma y cuyos originales se encuentran en la biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del El EscorialLibro de las relacionesLibro de las fundaciones (15731582); Libro de las constituciones (1563); Avisos de Santa TeresaModo de visitar los conventos de religiosasExclamaciones del alma a su DiosMeditaciones sobre los cantaresVisita de descalzasAvisosOrdenanzas de una cofradíaApuntacionesDesafío espiritual y Vejamen.
También escribió poesías, escritos breves y escritos sueltos sin considerar una serie de obras que se le atribuyen. Teresa escribió también 409 Cartas, publicadas en distintos epistolarios. 

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A modo de explicación

Hoy, 15 de octubre, he querido recordar a la "santa andariega" 
Copio unos versos de este poema, que siempre me encantó:
Nada te turbe
Nada te turbe, nada te espante;
todo se pasa, Dios no se muda;
la paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta.
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